Teoría de la paz y la violencia
Por Tevni Grajales G.
9 de Noviembre de 1999.


Introducción

La paz ha sido entendida de diversas maneras a través del tiempo. El imperio romano se caracterizó por la pax romana impuesta por las legiones que se trasladaban de un lado al otro del imperio. Desde aquellos tiempos, la paz se entendió como una condición resultante de la ausencia de conflictos. Y la forma inmediata de suprimir cualquier conflicto es la imposición del fuerte sobre el débil. Fue así como se llegó a la conclusión si vis pacem para bellum (si quieres la paz, prepara la guerra). Para el pensamiento judío de aquellos tiempos, la paz era shalom; un estado de bienestar pleno bajo la soberanía de Dios. Una paz que tiene mucho que ver con la persona de manera individual y la forma en que ésta experimentaba su contexto. Nuestro Señor Jesucristo, quien nació bajo los estandartes de la pax romana y fue criado en la cultura judía, se refirió a la paz en los siguientes términos: " la paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14:27).

La paz ha sido abordada desde diferentes perspectivas. Una de ellas supone la solución de conflictos desde una perspectiva jurídica. Se trata de sustituir la ley de la fuerza por la fuerza de la ley, dando relevancia a tribunales internacionales. Otros proponen la seguridad colectiva, la cual consiste en el establecimiento de organismos capaces de imponer la paz, lo que conduce a la búsqueda de la paz por medios violentos. La guerra fría, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el proyecto Guerra de las Galaxias, se justifican como medios violentos para obtener la paz. Una tercera perspectiva propone la fraternidad universal apoyada en lo que podría ser el origen común de la raza humana y la igualdad de las personas. La cuarta perspectiva extiende la problemática de la paz a la naturaleza, al medio ambiente, en lo que se conoce como la ecología planetaria. Todas estas perspectivas han sido consideradas inadecuadas por parte de los teóricos de la paz al final de este siglo. La principal objeción radica en que les falta integrar la dimensión subjetiva de la paz individual. La carta de las Naciones Unidas expresa "Las guerras nacen en el espíritu de los hombres, es por tanto en el espíritu de los hombres que deben ser levantadas las defensas de la paz". Así se justifica el concepto de "educación para la paz". Se trata de una nueva idea: si vis pacem, para pacem (si quieres la paz, prepara la paz).

Teoría de la paz

Al finalizar el siglo XX, el concepto de paz se define como un estado de armonía del ser humano consigo mismo, con su entorno natural y con sus semejantes. La armonía que se hace presente cuando las necesidades del ser humano se satisfacen en el marco de estructuras y procesos que no obstaculizan el desarrollo de la persona individual ni del colectivo. Por consiguiente, este concepto de paz, obliga a la integración de la teoría del desarrollo, con la teoría de las necesidades y la teoría de la paz.

No es posible hablar de la paz sin incluir conceptos como derechos humanos, democracia, desarrollo, moralidad y ética, equidad, identidad, autoridad, violencia, responsabilidad, disciplina, diversidad, etc.

El desarrollo y auge del modernismo a partir del modelo cartesiano-newtoniano trajo consigo los beneficios de la comodidad y el bienestar material para un importante segmento de la población mundial. Superó la cosmovisión de la Edad Media y desarrolló una cosmovisión analítica- positivista que fragmentó al planeta, recortándolo en territorios de los cuales algunos se consideran propietarios. Fragmentó al hombre dividiéndolo en cuerpo, emociones, razón e intuición. Fragmentó el conocimiento en ciencia, filosofía, arte, religión (todas estas subdivididas en fragmentos hasta conformar una babilonia).

Esa cosmovisión modernista también sostiene una visión fragmentada de la paz, la cual ha sido cuestionada por los teóricos de la paz. Porque es una concepción dualista que separa al sujeto del objeto. La paz interior de la paz exterior.

Estas nuevas ideas holisticas son resultado del desarrollo de la ciencia y la tecnología que enfrentó al ser humano a hechos que le obligaron a replantearse su cosmovisión. El acceso a la computadora, el ingreso al espacio exterior, los estudios de física cuántica y el resurgimiento del interés por la filosofía oriental.

Según Weil (1991) "Los sistemas del universo están formados de la misma energía, provienen de un espacio que se sabe que no está vacío, pero constituye una vacuidad potencial e inseparable de la energía propiamente dicha". Este concepto de la realidad supone una teoría holística en la que la energía adquiere tres formas: materia, vida e información. Según esta teoría, toda la realidad se sustenta en la energía la cual es común a todas las cosas y por tanto su elemento unificador. Desde esta perspectiva, la paz no debe ser considerada como interior y exterior.

Según Padilla (1992), paz es un estado de la persona en que adquiere conciencia de una nueva cosmovisión en la cual la energía (expresada en materia, vida y psiquismo) permitiría considerar al ser humano como un ser integral, unido al universo y a la naturaleza en tanto que ´transformador de energía´. Según Padilla, el espíritu no puede ser otra cosa que energía en sí misma, en estado primordial, y que a través del hombre retorna a ese estado. Esta teoría ha sido acogida con gran entusiasmo por un numeroso grupo de destacadas figuras de la sociedad del fin de siglo. Se trata de seguidores de la psicología transpersonal uno de cuyos promotores fue Abraham Maslow.

Este nuevo paradigma se arraiga en la teoría evolucionista y percibe al ser humano como el producto más notable de la evolución natural, por lo que no ve lugar para aceptar que el ser humano se diferencie (separe) del mundo natural y el universo. Este nuevo paradigma excluye el concepto judeo-cristiano de un Dios real y personal creador y sustentador. El paradigma que parece divorciarse del dualismo antropológico de materia- espíritu para concebir al ser humano como una unidad indivisible conformado por energía que se recibe y que se da. De esta manera surge el concepto de paz como un estado de armonía del ser humano consigo mismo, con su entorno natural y con sus semejantes.

Teoría de la violencia

Para Galtund (1981), la violencia es un fenómeno evitable que obstaculiza la autorrealización humana (satisfacción de las necesidades humanas). Esto conduce a la consideración de una especie de inventario de necesidades básicas las cuales podrían conducir a ilustrar o precisar lo que significa hacer daño a las personas. Cuando estas necesidades no son satisfechas se hace evidente lo que conocemos como violencia directa (física y destructiva de arriba hacia abajo o viceversa), y violencia indirecta (pobreza extrema, represión y alienación). Para algunos etólogos la violencia tiene su origen en un instinto primario de agresión en el ser humano quien tiene inclinaciones latentes hacia la destrucción y la dominación. Esta posición fue cuestionada por personalidades científicas (UNESCO, 1989) al afirmar que la guerra es una invención del hombre y de ninguna manera una necesidad biológica. Otros sostienen que la violencia resulta del contexto social en el que la persona crece y se educa. Que la persona expuesta a la explotación económica, el autoritarismo, la fragmentación y atomización, es lanzada al ruedo de la conducta violenta.

La violencia según Weil (1991) resulta del divorcio que vive la persona humana respecto a la naturaleza. Esta separación produce en la persona una especie de "fantasma" mental llamado por Weil "el fantamsma de la soledad" o de la separación. Esto conduce a un excesivo apego a las cosas y objetos del mundo externo, sobre todo aquellos que proporcionan placer, sea sexual, afectivo, material, emotivo. La reacción emotiva que sigue a ese aferrarse neurótico es el temor a perderlo y este engendra emociones destructivas como desconfianza, celos, agresión, orgullo herido o depresión. Luego viene la situación de tensión, el estrés lleva al sufrimiento moral y al dolor físico por medio de la enfermedad. Y estos refuerzan el fantasma de la soledad desarrollándose así un circulo vicioso que destruye la paz interior, interpersonal y social.

Una perspectiva judeo-cristiana de la paz y la violencia

La Sagrada Escritura afirma que todas las cosas y todos los seres creados proceden de Dios. Él es el origen y fin de todas las cosas (San Juan 1: 3). Desde la primera declaración hasta la última, el texto sagrado describe a Dios como un ser personal (Hebreos 1:1) siempre interesado en su creación (Mateo 6: 25-34) pero independiente de la misma (Isaías 46:5), que gobierna soberano sobre ella (Isaías 45:5-7).

También afirma la Escritura que es el poder (energía?) de su palabra lo que dio origen y lo que sustenta todas las cosas. "Porque en Él vivimos, y nos movemos y somos" (Hechos 17:28). Se trata de una energía que, aunque procede de Dios, no es Dios. No se trata de una extensión de su naturaleza aunque sí una manifestación o expresión de su naturaleza y carácter: Todopoderoso y Omnipresente.

Las evidencias más marcadas de esta realidad se observan en la forma en queel amor y el poder se manifiestan en la vida y los hechos de Jesucristo. La restauración de los enfermos, la multiplicación del pan, la transformación del agua en vino, el sometimiento de los vientos huracanados, la resurrección de los muertos, son evidencias del amor de Dios y resultados inherentes de dicho amor. Al referirse a tales hechos Cristo dijo: "Mi padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo" declaración registrada en el contexto de una discusión respecto a la divinidad de Cristo y la observancia del sétimo día o sábado (Juan 5:17,18).

La cosmovisión judeo-cristiana comparte con la nueva cosmovisión posmoderna el sentido de unidad e integralidad en todas las cosas creadas. "Ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí" (Romanos 14:7). "Porque por él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten" (Colosenses 1:16,17).

La cosmovisión posmoderna afirma: "Los sistemas del universo están formados de la misma energía (esto puede ser cierto siendo que es la misma palabra de su poder -de Dios el Creador- y no otra, hizo y sustenta todas las cosas), provienen de un espacio que se sabe no está vacío, (acaso no puede tratarse de aquel espacio que describe el San Juan en su Apocalipsis donde hay un trono alrededor del cual se sientan 24 ancianos "vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios" Apocalipsis 4:4,5) pero constituye una vacuidad potencial e inseparable de la energía propiamente dicha (declaración justificable en labios de quienes desconocen  la realidad de un Dios personal, trino, incomprensible e indescriptible para el pensamiento humano, de quien proceden todas las cosas y quien mora en la luz inaccesible).

Ese espacio más que una simple fuente de energía, es el recinto desde el cual proceden todas las cosas y por el cual existen todas las cosas. En ese espacio -el trono de Dios- se ubica la presencia de quien depende el bienestar del universo y desde el cual se regulan los privilegios y responsabilidades que atañen a cada una de las creaturas que constituyen los sistemas universales. Es el asiento de la responsabilidad moral del hombre, delante del cual todos habrán de dar cuenta de lo que hayan hecho en el cuerpo sea bueno o malo. La energía, la vida y todas las cosas proceden de Dios, y en ello radica su derecho de gobernar y juzgar el universo. Ante tales realidades, no resulta difícil comprender la declaración de Jesucristo " mi paz os dejo, mi paz os doy, no como el mundo os la da yo os la doy. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo".(San Juan 14:27)

Desde la perspectiva judeo-cristiana, el bienestar del universo depende de la armonía universal regulada por los privilegios y responsabilidades que reposan sobre las criaturas sujetas al amor y la voluntad de su Creador. Regulados por los principios que emanan del carácter de Dios y expresados en los términos de la Ley Moral (los diez mandamientos).

La violencia surge al momento en que se quebrantan los principios reguladores del concierto universal -según el texto bíblico- esto se inicia con la rebelión del querubin cubridor (Isaías 14:12-14; Ezequiel 28: 12-19) y se transfiere al planeta tierra mediante la inocente desobediencia del administrador de la creación divina:  Adán (Génesis 3). Los efectos de esta acción desarmónica fueron de largo alcance. La naturaleza y los seres humanos se sumieron en la desarmonía con su Creador. La naturaleza humana sufrió la declinación espiritual, perdió el contacto con la fuente de energía y disminuyó su fuerza vital, su naturaleza afectiva se endureció dando lugar al egoísmo (lo que Tocqueville denomina egotismo) que no es otra cosa sino la ausencia del amor de Dios y por consiguiente de la paz. El resto de las cosas creadas sufrieron las consecuencias del abismo que separa a la creación de su Creador y desde entonces, según San Pablo,  "gime a una y a una está con dolores de parto" (Romanos 8:19-25).

Como si fuera  un castillo de naipes, la desobediencia de Adán desencadenó una crisis de dimensiones globales. El sistema cayó en deterioro afectando no sólo las diversas dimensiones de la persona humana sino a los animales y aún a las cosas inanimadas. Tuvo  lugar el distanciamiento del hombre con respecto a la naturaleza que le rodea. La tierra le produce espinos y cardos, los animales rehuyen su compañía y en algunos casos atentan contra su vida. Además, el ser humano sufre un desequilibrio interior por causa de su desarmonía con Dios. Dicha desarmonía se proyecta al exterior en desarmonía con sus congéneres y con lo que le rodea. El ser humano no tiene paz interior, ha perdido su conexión con la fuente de poder y vida. El amor y la paz de Dios no fluyen de manera libre y plena, se vive una crisis de energía que se revela en deterioro interior y exterior, muerte y desequilibro generalizado. Esta es una realidad inocultable al grado que las observaciones y estudios científicos de los últimos 250 años han conducido, de manera inadvertida, al hombre posmoderno a reconocer la existencia de una desarmonía generalizada que requiere de una solución global.

"Los animales no hacen la guerra" es una declaración que señala una evidencia. Esa evidencia conduce a diversas conclusiones. Para algunas personas que creen que el ser humano es producto de la evolución y no de la creación, el hombre puede aspirar a recuperar esta característica de su pasado animal. Pero, desde la perspectiva bíblica, aunque el ser humano y el animal comparten la misma energía o aliento y su suceso en la muerte es el mismo (Eclesiastés 3:19), también se afirma que el ser humano es corona de la creación, hecho a semejanza de Dios y un poco menor que los ángeles (Génesis 1:26; Salmo 8: 4-8). No hay lugar, en el concepto bíblico, para el dualismo cuerpo-espíritu. El relato de la creación describe a la persona (alma) humana como producto de la integración del aliento (energía) de Dios como la materia inerte (Génesis 2:7). Para las personas que creen en la creación, esta ausencia de guerra entre los animales, rememora un remoto pasado cuando la armonía del hombre y Dios, lideraba la armonía entre todas las cosas creadas. De manera que la expectativa de la paz no se funda en la esperanza de una retorno humano a un pasado animal, sino que la paz se percibe como el resultado de un re-encuentro del ser humano con su Creador. Y efectivamente de eso se trata la misión de Jesucristo en la tierra según lo expresa el apóstol Pablo "que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación" (2 Corintios 5:19).

White (1955) percibe este mecanismo restaurador en los actos de amor de Jesucristo; al atribuir todos las acciones de Cristo al poder del amor. " El poder del amor estaba en todas las obras de curación de Cristo, y únicamente participando de ese amor por la fe podemos ser instrumentos apropiados para su obra. Si dejamos de ponernos en relación divina con Cristo, la corriente de energía vivificante no puede fluir en ricos raudales de nosotros a la gente" (p. 764) Y respecto a la habilitación que Dios da a sus servidores dice: "Todos los que consagran su alma, cuerpo y espíritu a Dios, recibirán constantemente una medida de fuerzas físicas y mentales... El Espíritu despliega sus más altas energías para obrar en el corazón y la mente" (p.767).

Según la enseñanza de las Sagradas Escrituras cristianas, la restauración de la armonía entre el ser humano y Dios es el primer paso en la construcción de la paz. Y esa restauración únicamente puede tener lugar mediante Cristo (Romanos 5:1). Una vez dado ese primer paso se tiene paz interior lo que implica seguridad en la dependencia divina, esperanza en el actuar de Dios y auto-valía por el amor de Dios. Así queda la persona calificada para enfrentar el desafío de la armonía con los demás seres humanos y la acción responsable de cara el medio ambiente. La persona en armonía (paz) con Dios recibe energía vivificante y amor desinteresado con el cual proyectarse al ejercicio de sus derechos y responsabilidades en un marco de profunda compasión y admiración hacia lo que le rodea. La solidaridad y la fraternidad, el cuidado del medio ambiente y la administración responsable de los recursos, la búsqueda del desarrollo es una conducta natural en toda persona que ha restaurado su relación con Dios. Una persona tal se reconoce parte de toda la creación de Dios, y reconoce que tiene privilegios y responsabilidades en un mundo que pertenece a Dios. Su relación con este planeta y sus habitantes es una relación de amor que produce paz, que transmite energía, que se revierte en salud y bienestar personal.

La norma judeo-cristiana "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18;Lucas 10:27) prohibe toda clase de violencia directa e indirecta. Anticipa el momento cuando cada uno deberá dar cuenta en el tribunal divino, no sólo por su responsabilidad hacia sus semejantes sino por la conservación de la naturaleza (Apocalipsis 11:18). Es pues privilegio del educador conducir a sus alumnos a través de esta experiencia a la construcción de una sociedad con una cultura de paz. Porque si deseamos la paz tenemos que preparar la paz.



Bibliografía
Galtund, John. (1981). Contribución Específica de la Irenología al Estudio de la Violencia: Tipologías. en La Violencia y sus causas. París: Editorial UNESCO. pp 47-68.

Padilla, Luis Alberto. (1992). Teoría de las Relaciones Internacionales. San José: UNESCO-FLACSO

Weil, Pierre (1991). L' Art de vivre in paix. Vers una nouvelle conscience de la paix. París: Editorial UNESCO.

White, Elena. (1955). Deseado de Todas las Gentes. Mountain View California: Pacific Press Publishing Association.



Dr. Tevni Grajales
Facultad de Ciencias de la Educación
Posgrado en Educación, Universidad de Montemorelos.
Octubre 31 de 1999

Altius
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