Esperar contra esperanza

Por Tevni Grajales G. 
Propósito:

Persuadir a la congregación de la conveniencia de perseverar, sin cansarnos, en nuestros propósitos y principios a pesar de que las circunstancias sean adversas y parezcan contradecir lo que creemos.



Al llegar al fin del siglo, la sociedad enfrenta un fuerte sentimiento de inseguridad. Parece que vive en un contexto donde lo ambiguo (de doble sentido, de dos naturalezas, lo que aparenta y lo que es) así como la paradoja (lo que va contrario a la opinión común, el pensamiento que contrapone frases al parecer irreconciliables) son parte del diario acontecer. Pero ésta no es una experiencia extraña al cristianismo cuyo fundador declaró "El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará" (Mateo 10:39) y "Porque al que tiene, le será dado y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado" (Mateo 25:29).

Una noche en setiembre de 1968, un joven universitario llegó temprano al culto de miércoles y ocupó un lugar, en uno de los bancos de madera del pequeño y solitario templo adventista en una ciudad de Centroamérica. Vi que sacó del bolsillo de su pantalón un par de trozos de papel muy pequeños, escribió en cada uno de ellos y luego los dobló cuidadosamente en varias ocasiones. Inclinó su rostro y pareció que elevaba una oración. Después, juntó sus manos, a manera de ánfora conteniendo los trozos de papel doblados y los agitó por algunos segundos. Luego dejó los trozos de papel sobre la palma de una de sus manos y, con la otra, eligió uno de los dos. Lo abrió, leyó lo que contenía y después de un momento de reflexión, volvió a repetir el ejercicio...

Era un joven que procuraba llegar a una decisión. Quería decidir si formalizaba el noviazgo que, por casi dos meses había cultivado o si debía desistir de esa relación. Quería hacer la voluntad de Dios y por eso había llegado a ese lugar, para orar y hacer una decisión. El problema surgió porque cuando obtuvo el resultado de la prueba, no sintió la seguridad que esperaba obtener al final de ese proceso. Y ante la inseguridad, volvió a repetir la prueba. Lamentablemente, en la segunda ocasión el Señor no le mostró la misma respuesta que "había dado" en la primera ocasión de modo que a la inseguridad, se añadió la duda. Y a la duda, se añadió la ambigüedad; porque, al reflexionar respecto a los consejos que había recibido de parte de sus mayores, profesores, compañeros y pastores, tenía tantos argumentos a favor, como argumentos en contra de la relación.

A menudo nos enfrentamos a serios dilemas al tratar de reconciliar nuestras expectativas personales y los hechos que nos rodean. ¿Cómo reconciliar nuestra necesidad de aceptación y aprobación por parte de los que nos rodean con la lealtad a los principios que sustentan nuestra integridad espiritual y moral? ¿Cómo reconciliar la promesa divina de bendición y prosperidad para su pueblo con las graves pérdidas económicas y financieras que algunos de nuestros hermanos padecen en el centro y sur del país, sea por causa del exceso de agua o falta de la misma? (México, Octubre 1999).

Ya desde antaño las preguntas y respuestas han estado presentes. Por ejemplo, en el caso del patriarca Job, su prosperidad inicial parecía ser una indicación de su buena relación con Dios y con sus semejantes. Pero su quiebra económica y las posteriores desgracias que le sobrevinieron sacaron a flote un sinnúmero de dudas, dilemas, ambigüedades y prejuicios. Según sus palabras registradas en Job 21: 7 - 9, 13 "¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en riquezas? Su descendencia se robustece a su vista, y sus renuevos están delante de sus ojos. Sus casas están a salvo de temor, ni viene azote de Dios sobre ellos... pasan sus días en la prosperidad, y en paz descienden al Seol.

El evangelio menciona que en tiempos de Jesús hubo una revuelta judía la cual fue sofocada cruentamente por Pilato y sus soldados. En esa ocasión los soldados romanos entraron hasta el atrio del templo en Jerusalén y mataron a espada a algunos adoradores galileos que estaban ofreciendo sus sacrificios ante el altar de Dios. Para los judíos, el altar del Templo era el lugar más seguro de toda la tierra. Era de los cuernos de ese altar a los que se aferraba aun el más criminal, para implorar misericordia. Y el templo era la garantía de la inmutabilidad de la nación. Pero en esa ocasión, un hecho tan lamentable y contradictorio, fue señalado por Jesús como una advertencia hacia toda la nación, respecto al gran conflicto que por muchos años ha tenido lugar entre las fuerzas del bien y el mal. Un conflicto en el que la nación judía sucumbió por causa de su persistente insistencia en rechazar la dirección de Dios.

En los primeros años de la década de los ochenta, estudiaba en la facultad de medicina de la Universidad de Panamá un destacado joven adventista. Este muchacho, Anciano de una de nuestras iglesias y directivo de la Federación de Jóvenes cursaba por tercera ocasión la misma materia. Ya en las primeras dos ocasiones, la había perdido porque el profesor había escogido el día de sábado para el examen final. Y toda la iglesia estaba en oración, pero los resultados no fueron diferentes ese año. El muchacho volvió a perder su materia, porque el maestro nuevamente persistió en no ofrecerle una oportunidad diferente para hacer el examen.

Debo hacer una aclaración en este momento, pues no estoy queriendo decir que el Señor no contesta las oraciones. Tampoco se trata de ser pesimista u optimista. Pues sería una forma muy simplista de abordar la compleja realidad de nuestra existencia. El propósito de este mensaje es persuadirles respecto a la conveniencia de perseverar, sin cansarnos, en nuestros propósitos y principios a pesar de que las circunstancias sean adversas y parezcan contradecir lo que creemos.

Nuestra sociedad es cada día más compleja. La mayoría de los jóvenes que se reúnen en esta ocasión se ubican entre los 14 y 27 años de edad. Según las estadísticas ofrecidas por la ONU la edad promedio de la población mundial es de 26 años y dentro de 50 años la edad promedio será de 38. Pero lo interesante es que en la actualidad hay 580 millones de personas con más de 60 años de edad y dentro de 50 años serán 2 000 millones de personas con más de 60 años. Quiere decir que si el Señor no ha llegado, estos muchachos y muchachas hermosas que vemos hoy aquí, formarán parte del notable cambio en la edad poblacional.

Ahora alguno puede estar diciendo a sí mismo, ¿es apropiado que un predicador en un púlpito adventista hable del año 2050 como una posibilidad en este planeta? ¿ No aprovecharía mejor el tiempo si nos dice que el Señor va a venir antes del año 2050? Lo que estoy tratando de destacar es que estos jóvenes que hoy me escuchan se encuentran ante un gran dilema, tienen que tomar decisiones. Prepararse para enfrentar los eventos más espectaculares que alguna vez se han vivido en este planeta. Por que la prolongación del tiempo para la segunda venida del Señor, implica el incremento de la crisis social, política, económica y moral de la sociedad. En otras palabras, o les toca vivir el fin de la gracia, el tiempo de angustia y contemplar el advenimiento de Cristo o les toca enfrentar las angustias de un mundo que envejece junto con su población y que cada día resulta más difícil de vivir. No hay lugar para mucho optimismo en esta parte de la eternidad.

Los hombres de ciencia, los políticos y los líderes religiosos están uniendo sus esfuerzos para crear una nueva sociedad en la que las fronteras de los países sean superadas por la globalización, una sociedad en la que el ecumenismo rompa los muros que separan a las denominaciones religiosas y a las grandes religiones, una sociedad donde la economía y las finanzas mundiales se unifiquen tras un sistema financiero único con un lenguaje y legislación en común, una sociedad donde las empresas y los organismos puedan reaccionar y tomar decisiones a la velocidad como piensa la mente humana, una sociedad en la que la armonía con el medio ambiente y la naturaleza establezca los criterios que regularán una especie de culto a la naturaleza y la tierra. Una sociedad en la que se impondrá un día de reposo universal contrario a lo requerido por la ley de Dios. Una sociedad de paz y de desarrollo humano en la cual, quienes pretendan retener sus costumbres y creencias independientes, serán considerados traidores y enemigos de la paz y del interés común. Una sociedad que tendrá que enfrentar los estragos que vendrán sobre la tierra cuando el Espíritu de Dios se retire y los vientos de destrucción, por tantos años retenidos, sean soltados.

Nos esperan tiempos difíciles, tiempos que pondrán a prueba nuestras creencias, nuestros ideales, nuestro carácter. Son tiempos en los cuales no siempre podremos disponer de una respuesta simple y directa a las interrogantes que surjan. Son tiempos en los cuales, las cosas, vistas de manera superficial, parecerán contradictorias y paradójicas. Tiempos cuando las mismas promesas de Dios parecerán no cumplirse. Son tiempos de prueba, en los que tendremos que sostenernos por fe y no por vista.

¿Cómo prepararnos para enfrentar esa situación? "Día tras día, Dios instruye a sus hijos. Por las circunstancias de la vida diaria, los está preparando para desempeñar su parte en aquel escenario más amplio que su providencia les ha designado. Es el resultado de la prueba diaria, lo que determina su victoria o su derrota en la gran crisis de la vida" (DTG 345). La forma como manejamos los detalles de nuestra vida diaria hoy, determina nuestro proceder en el futuro. Tenemos que aprender a depender de Dios. Tenemos que aprender a aceptar su plan en lugar del nuestro, su camino en lugar de nuestro camino, sus propósitos en lugar de nuestros propósitos. Hoy tenemos que hacer la decisión de aceptar plenamente su voluntad aunque ésta no concuerde con nuestras preferencias.

Este ejemplo fue el que nos dejó nuestro querido Maestro y Salvador. Él enfrentó la parte más cruda del conflicto, conservando la esperanza contra toda esperanza. Las evidencias que le rodeaban no le permitían mirar más allá de la tumba. En la cruz del Calvario mientras pendía de la cruz, sus compañeros de suplicio le decían: Si tú eres tan bueno, ¿por qué estás aquí? Resalta la ironía y la ambigüedad del supremo momento del Calvario. En medio de la crucifixión uno le dijo: "Si eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros". La ambigüedad en la muerte de Cristo.

¿No es acaso ésa nuestra pregunta? Si tú realmente eres Jesús, si realmente eres lo que dices que eres, realmente lo que ellos dicen que eres, realmente lo que tú quieres que nosotros creamos que tú eres, entonces ahórranos y ahórrate la humillación de un fracaso público. Ahórranos y ahórrate el ridículo de los incrédulos y de los intelectuales, ahórranos el malo cínico y el bueno indiferente. Ahórranos Jesús, si tú eres el que dices que eres, la vergüenza de... "si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros." Lucas 23:39

Pero el Señor nos enseñó que el secreto de la victoria no está en ahorrarse la prueba sino en pasar por en medio de ella con nuestra fe puesta en las promesas de Dios. De la manera como estuvieron dispuestos a hacerlo los jóvenes hebreos ante el horno de fuego de Nabucodonosor. Ellos dijeron, porque creyeron,: "He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh, rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado". Daniel 3: 17,18.

Hermanos, ese tipo de fe y voluntad presta no es producto de la improvisación. Esa disposición a ser fiel a Dios se gesta y desarrolla por medio las decisiones comunes de cada día. ¿Estamos demostrando en nuestro diario vivir que en efecto buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia?¿ Lo demostramos cuando tenemos que escoger entre dejarnos guiar por nuestro corazón o por las indicaciones expresas de la palabra de Dios? ¿Cuando ante la posibilidad de perder una materia o copiar un examen o un trabajo de clase preferimos hacer lo que dice el Señor? ¿Al apartar los diezmos y ofrendas para el Señor estamos evidenciando que en verdad el reino de Dios tiene la prioridad en nuestra vida? ¿Lo evidencia el uso que hacemos de nuestro tiempo y de nuestros talentos? ¿Lo demuestran nuestras conversaciones y lecturas?

Estimados hermanos, tenemos el privilegio de vivir en una época que los antiguos quisieron conocer. Lo que somos y tenemos cada día tiene menos significado y valor ante la crisis que se acerca.

Esta tarde a las 2:20 recibí una nota de un amigo que decía: "El huracán Irene ha entrado a la Florida, ya existen inundaciones en Miami y áreas cercanas, el ojo del huracán está en Florida City y acercándose, ni los equipos de rescate están saliendo. Ahora sí sabremos lo que es amar a Dios en tierra extraña, un saludo y recuérdennos en sus oraciones Dios les bendiga siempre".

¿Estarán nuestros hermanos dispuestos a perseverar en su fe aún cuando la tormenta arrase con todas sus pertenencias?

Apreciados jóvenes, la Palabra Dios nos enseña que independientemente de las apariencias del presente y la forma como los eventos futuros se presenten ante nosotros, vale la pena perseverar y ser fiel a Dios. "No perdáis vuestra confianza que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá y no tardará" (Hebreos 10: 35-37) y "aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia" (Eclesiastés 8: 12,13).



Iglesia de la Universidad de Montemorelos
Viernes 15 de Octubre de 1999