CARACTERÍSTICAS DE UN MODELO CRISTIANO
PARA LA EDUCACIÓN DEL SIGLO XXI
Por Tevni Grajales G.*
Los profundo cambios socio-políticos y tecnológicos del fin del siglo XX, unidos a la urgente necesidad salvar los sistemas micro y macro ecológicos del planeta, el incremento desmesurado de la población mundial, el inminente agotamiento de recursos naturales, la precaria situación económica de las naciones y la grave crisis moral que afecta la sociedad en todos sus niveles, han despertado un notable interés por revisar las propuestas educativas tradicionales y claman por nuevos paradigmas educativos.

La educación que requiere la sociedad moderna requiere de un curriculo que contenga los siguientes planteamientos fundamentales:

1. Debe partir de la experiencia de vida cotidiana del alumno, sin dejar la cultura sistematizada.

2. Debe promover la adecuación curricular a nivel regional o institucional.

3. Debe estimular el desarrollo de procesos de aprendizaje participativos, co y auto-gestionarios en un ambiente de armonía, responsabilidad y democracia.

4. Debe asegurar a cada alumno el derecho a disponer de oportunidades para un aprendizaje completo.

5. Debe ofrecer al alumno oportunidad para seguir sus intereses, observando, imitando y compartiendo.

6. Debe exponer al alumno a las manifestaciones del poder y la sabiduría divina, así como a la voluntad de Dios expresada en las Sagradas Escrituras.

Los elementos básicos del currículo interactúan y se desarrollan de diferentes maneras según las características de cada institución pero al menos se propone que; 1. El maestro en lugar de asumir un papel directivo sea un orientador, organizador y estimulador.

2. El alumno en gran medida debe asumir la responsabilidad de su propio aprendizaje y ser más autónomo.

3. Los padres deben tener mayor participación, uniendo los esfuerzos del hogar y la escuela.

4. El ambiente físico requiere de un manejo más flexible y libre de los espacios -implica agrupar, organizar espacios, usar el exterior del aula-, se debe echar mano de los recursos del medio -aunque sean pocos, se aprovechan con espíritu de creatividad, originalidad y economía.. Y el ambiente psicológico requiere que el maestro delegue liderazgo en los alumnos, según sus capacidades; los alumnos deben proveerse de líderes para apoyar y compartir las ideas. Esto implica el surgimiento de actitudes de cooperación y solidaridad dentro de un marco de democracia participativa.

5. Los contenidos deben ser útiles, prácticos y aplicables; que garanticen una incorporación efectiva del alumno a la vida familiar y de la comunidad.

6. Las actividades deben tener al alumno como actor principal, por lo que los procedimientos metodológicos deben sustentarse en el trabajo individual y pequeños grupos.

7. La evaluación debe tener un énfasis formativo y debe hacer partícipe a todos los implicados.

El modelo no se refiere a simples diferencias de método, no se refiere a asuntos tan superficiales como distribución de espacio o nuevas formas de planear el currículo y administrarlo; lo fundamental está en los propósitos educativos que se tienen en mente y el proceso por medio del cual se pretenden lograr. Este modelo requiere de mejores destrezas organizacionales y más esfuerzo de parte de los maestros así como de más apoyo de parte de los administradores (Cohen, 1989 citando a Bruce A. Miller). El maestro organiza el ambiente de modo que supla las necesidades del alumno, crea centros de aprendizaje e instruye en su uso, provee los materiales, la mayor parte de su tiempo lo dedica a individuos o grupos pequeños. Conduce discusiones de grupo y ocasionalmente dicta clases a grupos numerosos.

Los tópicos o temas son usados para relacionar varias materias, los alumnos son expuestos a una amplia variedad de ideas y materiales que estén relacionadas con las experiencias y las preocupaciones de los alumnos. Se debe promover la exploración activa y el descubrimiento especialmente en ciencias y sociales con el fin de animar la creatividad y métodos académicos. Aunque se usa mucho del aprendizaje individualizado, se anima a los estudiantes a trabajar juntos y ayudarse mutuamente (Rothenberg, 1989).

Los alumnos se mueven de manera libre pero con un propósito. Se organiza el tiempo y el espacio para que desarrollen destrezas académicas y sociales. Los alumnos asumen la responsabilidad por el logro de objetivos educacionales en los cuales ellos han participado.

La metodología es muy variada pero debe girar alrededor de los conceptos más modernos de aprendizaje cooperativo. Según Jim Roy (1995) el aprendizaje cooperativo es diferente a un aula tradicional, en la cual se le recuerda al estudiante que debe mantener sus ojos en su trabajo y en la que cuando dos personas trabajan juntas, son sospechosas de estar entretenidas.

El modelo propone que el alumno obtendrá más altos logros, mejorará en su pensamiento crítico, se interesará más por sus compañeros, tendrá una mejor actitud hacia las materias en estudio, tendrá una mejor salud psicológica y auto estima, mejorará su habilidad para ver la perspectiva de otros, tendrá mejores relaciones con el personal de la escuela, mejorará sustancialmente la calidad de su educación.



Tomado de Educación Cristiana para el Siglo XXI: una urgente necesidad
Montemorelos N.L. Editorial Montemorelos, 1997