El maestro cristiano y la integración de la fe
Por Tevni Grajales G. *
Hablar de integración de la fe resulta en un grave riesgo a esta altura del siglo. Por cerca de 20 años los educadores ASD hemos leído sobre el tema, hemos asistido a seminarios, congresos, cursos formales, conferencias, talleres, etc. Las comisiones evaluadoras han insistido en lo mismos de manera incansable; pero desafortunadamente, aunque todos están de acuerdo en la terminología, no es así al considerar el significado que la dan y la forma como la operacionalizan.

Raquel Korniejczuk (1996) al exponer sobre este tema en el I Congreso Nacional de de Educadores Adventista del Perú señaló la necesidad de acuñar otro término que supere el desgaste que ha sufrido el significado de: Integración de la Fe.

Este asunto, tan importante para la educación que procura el cristianismo, confronta una situación similar a la crisis que por años sufre el tema de la Justificación por la Fe. Según Loron Wade (1996) el problema no se encuentra en el nivel cognoscitivo sino que tiene que ver con la visión espiritual de cada persona. La comprensión espiritual es un Don Divino y necesitamos una búsqueda personal que nos conduzca a una compresión guiada por el Espíritu Santo para que podamos percibir las cosas espirituales con una mente espiritual.

El secreto de la integración de la fe se encuentra no tanto en la filosofía cristiana que se dice sustentar. No tiene que ver con un cuerpo de dogmas o creencias que se aceptan con el intelecto sino que tiene que ver con lo que al fin de cuentas determina nuestras palabras, actitudes y acciones. Tiene que ver con lo que algunos autores han llegado a denominar : Cosmovisión, cosa que, aunque por definición se refiere a una experiencia colectiva, en la práctica se desarrolla a partir de la individualidad.

La fe que se integra, es la fe que tiene el maestro, el administrador, el agente educador. No existe una educación ausente de dicha integración, aún el ateo integra sus creencias al momento de educar. Aunque en la educación cristiana no se debe dejar esto a la casualidad y la improvisación, sino que debemos hacer esfuerzos sistemáticos y bien planeados para integrar la fe, es importante señalar que todo formalismo en este aspecto pierde su valor cuando no va respaldado por una experiencia consecuente y un ambiente facilitador.

La integración de la fe, en el proceso educativo, implica reconocer que Dios es la fuente de todo conocimiento y que su Palabra no es un elemento más de la educación sino el fundamento de toda verdadera educación. Según Mogollón (1996:134) "...En este esquema, la Biblia y sus conceptos no son un agregado más sino la fuente que da sustento a todo". El currículo, los planes de clase, las políticas administrativas, las actividades extracurriculares, las metodologías, el ambiente dentro y fuera del aula, deben evidenciar que la verdad bíblica impregna la educación.

Significa que la adopción de un plan curricular propuesto por parte del Estado, o la práctica de cierta metodología o la adopción de una corriente psicológica en particular, tiene que ser sustentada primeramente por la verdad revelada. Los educadores cristianos no son meros reflectores de las ideas de otras personas; tienen la responsabilidad evaluar y pesar las ideas, deben adoptar una posición sustentada en la Biblia y deben estar en condiciones de justificar su desempeño a la luz de las enseñanzas bíblicas. Aunque, en su momento, hubiesen sido propuestas por teóricos o pensadores que no comparten la misma cosmovisión.

Es evidente que el Plan de la Nueva Era tiene que ser enfrentado por los educadores cristianos desde una plataforma de crítica espiritual y bíblica. Especialmente al considerar la marcada influencia que éste movimiento ha logrado tener en la psicología moderna.

Alomía (1996:70) señala que " la psicología ha sido constantemente manipulada y a lo largo de las últimas décadas ha recibido un impulso especial de psicólogos que han estado involucrados directamente con el ocultismo y la canalización" . Luego afirma que Sigmun Freud, Stanislaw Grof fueron ocultistas; que Carl G. Jung conversó con varios espíritus uno de los cuales se hacía llamar Filemón y otro que decía ser del gnóstico Basílides de Alejandría.

Abraham Maslow afirma que la llamada actualización personal popularizada en los años 70 es el fundamento sobre el cual se logra "la trascendencia, la cual era naturalmente la habilidad de proyectarse más allá de la individualidad hasta llegar a una fusión con la totalidad de la realidad...propuso su teoría de trascendencia como un logro de la potencialidad universal inherente de la naturaleza humana" (Alomía, 1996:71-72). Estas ideas conducen más tarde a Ken Wilber a hablar de una fusión de lo humano con lo divino, lo físico con lo espiritual ideas que sustenta apoyado en conceptos del evolucionismo de Darwin, el condicionamiento conductista, los conceptos humanistas centrados en el ego y una orientación religiosa que explica la meta de la evolución (Alomía,1996).

Los postulados que señalan que las personas son buenas por naturaleza y su potencial ilimitado condujeron a Karl Rogers sostener que cada persona es responsable de sus propios sentimientos y que sólo uno puede juzgar sus propios valores.

Por su parte Ackoff (1995) afirma que hemos pasado de una era mecanicista hacia una era sistémica que tiende a mirar hacia adelante y no hacia el pasado, que ya no tiene significado la búsqueda de las causas que por tantos años justificó un las ideas religiosas de Dios, una causa primera. Asi pues este muy influyente teórico de la administración, la planeación y en particular del concepto moderno de la educación para el próximo siglo, arremete contra los fundamentos de la educación cristiana al mismo tiempo que adopta ciertas posiciones difícilmente cuestionables, mimetizando de esa manera la mentira con la verdad.

Integrar la fe en el contexto actual de la educación no es tarea fácil, implica una esfuerzo colaborativo de las Agencia Divinas con el actor humano. Requiere de una renovación diaria de la experiencia espiritual de cada educador; de una actitud reverente ante los eventos que suceden tanto en la tierra como en el Cielo donde Cristo desarrolla la última fase de su ministerio en el Santuario Celestial. Implica que el docente no debe depender de sus fuerzas, sus estrategias y destrezas, debe reconocerse como un instrumento en las manos del Maestro.

El maestro que integra la fe reconoce la primacía de los espiritual sobre todos los demás aspectos del quehacer educativo. Encuentra en las actividades y los contenidos de sus cursos, la oportunidad de dar a conocer a Dios: su carácter de amor, su justicia, su sabiduría, su poder. Mira en cada uno de sus alumnos, una persona a la cual Jesús desea salvar y un compañero que necesita ayuda para enfrentar los ataques de Satanás.

El maestro que integra la fe, es un maestro llamado por Dios que reconoce su llamado y no puede evitar enfrentar el peso de su delicada labor. No pone su mano en el arado para mirar hacia atrás, ni mide su servicio por los beneficios personales que le pueda reportar. Tiene una visión espiritual del futuro, reconoce que tiene una Misión a cumplir la cual ningún otro puede realizar. Puede tener desalientos después de cumplir su deber; "Pero sigue trabajando, confiando en que Dios trabaja junto a él, permaneciendo firme en su puesto y obrando con fe" (C.Ed.,50).

En fin, el maestro que integra la fe es una persona guiada por el Espíritu de Dios que está en paz con Dios, consigo y con sus semejantes porque reconoce que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.



Tomado de Educación Cristiana para el Siglo XXI: una urgente necesidad
Montemorelos, N.L. Editorial Montemorelos, 1997