Historias que Dios escribe

Por Tevni Grajales

El apóstol Juan registra en el capítulo diez del Apocalipsis una visión en la que dice haber visto "un ángel fuerte que descendió del cielo llevando en su mano un librito abierto y puso su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra"... ¿Pueden ustedes imaginar esa escena? ¿ Qué tamaño debió tener ese ángel para pararse de esa manera ? no creo que se trató de un ángel que caminó sobre la arena de la playa para dejarse mojar los pies por el agua que traían las olas. Creo que era un gigante que apoyaba un pie sobre el continente mientras el otro se afirmaba en el océano. Quisiera pensar en una escena semejante esta mañana al reflexionar respecto a dos textos bíblicos, uno sacado del Antiguo Testamento y el otro del Nuevo Testamento. Sobre estos dos pasajes vamos a apoyar la figura del más glorioso personaje que haya conocido la humanidad.

Los textos que vamos a utilizar se refieren a dos eventos que tuvieron lugar en la vida de dos personajes que vivieron separados por 16 siglos de historia. Pero a pesar de sus diferencias, en el fondo, los textos bíblicos nos hablan de un mismo personaje central y de una misma lección. Lo que le otorga unidad a estos dos relatos es su personaje principal. Porque el personaje principal de estos dos relatos aunque tan distantes en el tiempo, es el mismo. Las diferencias que se pueden encontrar entre estos dos relatos tienen que ver más bien con sus personajes secundarios y el contexto histórico y cultural en el que sucedieron.

En el primero de los relatos, registrado en el libro del Génesis capítulo 28, el personaje secundario es Jacob; un hombre de alrededor de 60 años que todavía no se ha casado, es apuesto, de muy buen temperamento, sensible, tierno, laborioso y con muchas habilidades. A pesar de su edad, su mamá ejerce gran influencia sobre él y, con ella, él ha desarrollado una muy profunda amistad. De hecho, esa amistad y preferencia maternal es lo que lo ha llevado a enfrentar una situación difícil y angustiosa. Hace apenas unos días engañó a su anciano padre y abusando de su ceguera burló su voluntad. Este hombre es culpable de interferir en los planes de Dios trató de ayudar a Dios, por medio de estrategias y engaños, a cumplir la promesa de darle la promogenitura que pertenecía a su hermano gemelo. Así fue que, después de engañar a su padre y defraudar a su hermano, huyó desesperado para escapar de la ira de su hermano.

Jacob ha huído de su casa. Su madre lo ha despedido con abrazos y besos, le ha provisto de la mejor merienda y, a pesar de su grave ofensa, su anciano padre le ha despedido reiterándole su bendición. Lleva sobre su conciencia un sentimiento de culpa que se manifiesta en temor y ansiedad. Ha perdido su seguridad y su comodidad. Enfrenta un futuro sombrío y misterioso. Todo lo que apreciaba, conocía y amaba ha quedado atrás. Tal vez para siempre.

Jacob lleva consigo una bendición; pero una bendición usurpada, una bendición obtenida por medios fraudulentos y penosamente pecaminosos! ¿qué le puede deparar el futuro? Estimado hermano, si esta historia estuviera sin concluir y se te pidiera que, como le sucede a algunos de los escritores de novelas, retomes la historia de Jacob a partir de este momento de su vida, mientras camina presuroso de Beersaba hacia Padan-aram... ¿qué historias escribirías y qué final le darías?

Cambiemos de escenario, en el tiempo, y trasladémonos, 16 siglos después, a los mismos caminos de tierra de Palestina y en la misma dirección del sur hacia el norte. Esta vez nos encontramos con otro hombre joven, principe en Jerusalen, brillante como intelectual, empeñoso, agresivo, triunfador y soltero. Seguro de sí mismo. A diferencia de Jacob, Saulo de Tarso, dispone del respaldo político y religioso del Estado. Monta un brioso caballo árabe, vestido con las insignias del gobierno eclesiástico y a la sombra del estandarte judío. Al momento cuando lo encontramos, viene de una campaña de limpieza que hoy llamaríamos genocidio. Una labor que realizó siguiendo una estrategia conocida en los centros de seguridad como " operación rastrillo". Recién acaba de "peinar" literalmente la ciudad de Jerusalem. Calle por calle, cuadra por cuadra, puerta por puerta, en busca de hombres y mujeres cristianos. Una vez los localizó, los arrastró literalmente por las estrechas calles de la ciudad y los llevó a la cárcel. Utilizando la tortura los hizo blasfemar el nombre de Jesucristo y renegar de su fe. Les despojó de sus posesiones; separó a las familias. Pero algunos pudieron escapársele y se esparcieron por Judea y Samaria. Esto le molestó muchísimo, por lo que decidió extender sus esfuerzos y consiguió autorización para perseguirlos más allá de los límites de Jerusalen. Alli va, bajo el calor del mediodía, Saulo de Tarso camino a Damasco. Alli va, ardiendo en celo por una causa equivocada pero orgulloso de sus resultados. Si te asignaran la tarea de reescribir el final de esta historia ¿qué historia escribirías para describir lo que corresponde a este perseguidor?

Ahora que hemos descrito de manera breve los dos eventos, dediquemos unos minutos a establecer relaciones de semejanzas y diferencias entre ambos eventos y sus personajes.

En el relato del Génesis tenemos a un Jacob que huye de su hermano mientras que en Hechos de los Apóstoles se presenta a Saulo de Tarso persiguiendo a sus hermanos. Jacob es una víctima potencial y Saulo es un victimario. Jacob respira ansiedad, culpa y temor, Saulo respira amenzas y muerte. Jacob avanza desprovisto de su honra y de sus bienes mientras que Saulo lleva consigo todo el poder y la autoridad del momento. Jacob ha defraudado a su hermano, engañado a su padre y desconfiado de Dios. Saulo ha destruído familias, ha participado en la muerte de sus compatriotas y sembrado mucho dolor. Saulo de Tarso ha salido de su centro de operaciones en Jerusalem hacia los contornos de Israel, Jacob acaba de salir de su hogar en Beerseba hacia la desconocida tierra de Padan-aran. Jacob buscó los beneficios espirituales de la primogenitura utilizando el engaño y el fraude, Saulo trató de servir a Dios y fortalecer la vida espiritual de Israel utilizando la violencia, la amenza y la muerte.

No se puede negar que de alguna manera ambos habían mostrado cierto grado de devoción hacia Dios, gran celo por el logro espiritual. Ambos habían sido formados en un contexto espiritual sano, estrechamente relacionados con los líderes espirituales de su tiempo. Pero al mismo tiempo hay que reconocer que todas esas ventajas espirituales que tuvieron no les impidieron hacer uso de recursos satánicos para llevar adelante su propósitos espirituales.

Volvemos a la pregunta que ya hemos hecho, ¿de qué manera correspondería desarrollar el resto de ambas historias de forma que fuera consecuente con lo bueno y lo malo de sus acciones previas? En otras palabras ¿de qué manera hubiésemos configurado el resto de la historia si hubiésemos tenido la oportunidad de intervenir en su desarrollo?

Tal vez, como personas apegadas a valores y principos, en la historia de Jacob, nos sentiríamos comprometidos a escribir una historia que resaltara algunos principios como los siguientes: "honra a tu padre y a tu madre"..."no codiciarás.." o tal vez insistiríamos en un requisito previo para cualquier solución cristiana de las diferencias como es la ordenanza neotestamentaria de "ve y reconciliate con tu hermano primero." Es probable que en nuestra versión de la historia, la bendición usurpada permanecería trastocada en una maldición hasta que, después de mucho sufrir, volviendo en sí, Jacob buscara el perdón de Dios y el de su padre Isaac. Es probable que a riesgo de su vida lo llevemos a buscar el perdón de su hermano. Lo único que dejaríamos sin cambiar en el relato bíblico sería su tragedia de no volver a ver a su mamá y que le engañen en el negocio de conseguir a la esposa que amaba. Y algo semejante haríamos con la historia de Saulo de Tarso.

Pero las historias que Dios escribe son diferentes, tienen un momento central y clave, se trata del momento cuando Dios decide intervenir directamente para escribir su versión personal (la divina) de la historia. Y es por eso que hemos dicho que ambas historias parecen ser los lugares en el tiempo sobre los cuales se posan los pies de un gran gigante, estas dos historias son los soporte de la imagen de un personaje común, el personaje central de ambas. Esa persona es Dios. Pero Dios no sólo es el actor principal en la historia sino que también es el autor de la historia. Porque cuando Dios escribe una historia no lo hace con lápiz y papel, o en el teclado de una computadora. Cuando Dios escribe historias los hace interviniendo en los momentos claves y centrales del desarrollo de las mismas. ¡Y qué finales más extraños son los que escribe! En verdad todos son grandes sorpresas ante los cuales ¡ Satanás mismo se maravilla!

La ocasión que Dios elige para escribir la historia puede ser a la medianoche como en el caso de la historia de Jacob o a plena luz del mediodía como en el caso de la historia de Saulo de Tarso. La intervensión de Dios tiene lugar en cualquier sitio y aún en condiciones contradictorias. Cuando Saulo es impactado por la intervensión de Dios en su historia, Saulo es tirado de su caballo por un poderoso chorro de luz que lo deja ciego. Cuando Dios interviene en la historia de Jacob, lo encuentra reposando en el suelo, con su cabeza sobre una piedra, con sus ojos cerrados, en un paraje de Palestina que se llamaba Luz. He aquí algunas semejanzas y diferencias adicionales, porque no es casualidad que Dios sorprenda a uno que está dormido al tiempo que prefiere sorprender al otro en medio de las faenas del mediodía. Una gran cascada de luz iluminó la noche de Jacob para darle luz y esperanza. Mientras que un poderoso rayo de luz fue usado por Dios para lanzar a tierra al aguerrido Saulo dejándolo en densa oscuridad.

Estos pasajes nos permiten una vislumbre de Dios, de su carácter y de la forma como se relaciona con los seres humanos y sus problemas. Estas historias también nos enseñan respecto a cómo debemos actuar si deseamos ser colaboradores con Dios en la obra de escribir nuevas historias. Que en efecto cada día escribimos. Sea nuestra historia personal, la historia de los amigos sobre los cuales ejercemos influencia, la historia de nuestros hijos, de nuestros conyuges, la historia de nuestra iglesia.

Estas reflexiones hacen evidente la necesidad de detenernos por un momento y contemplar la forma como Dios actúa al intervenir en la vida de las personas. En primera instancia podemos notar que se trata de una persona que mira hacia el futuro más que hacia el pasado. No se concentra en los errores o pecados de las personas como se ve en la historia de Jacob según lo registra Moisés en el libro de Génesis 28: 11,12.

Dios no hace referencia a los graves y vergonzosos pecados de Jacob y en el caso de Saulo de Tarso, el Señor en lugar de reprenderlo por lo que ha hecho, se adelanta a anunciarle que sus esfuerzos no van a conseguir los resultados que busca. Una de las grandes enseñanzas tanto de la historia de Saulo como de la de Jacob es que Dios concentra sus esfuerzos en establecer lazos. Como diría Leo Buscaglia se concentra en "construir puentes", en establecer relaciones.

Retomemos la historia de Jacob. Él se ha acostado en el suelo con una piedra como cabecera y mientras que duerme escucha la voz de Dios desde lo alto de la escalera que le dice: "Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac...."

Detengámonos un momento aquí. ¿Se dan cuenta ustedes en qué consiste esta declaración inicial?

Cuando tenemos que identificarnos, ¿de qué manera lo hacemos? Imagínese. Usted está al teléfono y tiene que identificarse con la persona que está al otro extremo de la linea de manera que usted le dice: " yo soy el hermano de fulano de tal, yo soy el hijo del señor..., soy el papá de..., soy el esposo de....,soy el amigo de..,etc. etc." Con frecuencia nos identificamos a partir de una relación como en los ejemplos anteriores. En otros casos lo hacemos a partir de una actividad o función: "yo soy el profesor..., el supervisor..., el gerente de...., el representante de..." Pero en la mayoría de los casos, al menos que lo conozcan por su nombre, el nombre sólo, no dice nada.

Cuando Dios se identifica hace lo mismo que nosotros. El texto registra algunos de esos casos "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto" (Exodo 20,1) le dice a los descencientes de Jacob, medio milenio después, desde la cumbre del monte Sinaí. En otros casos se identifica como "El hacedor del cielo y de la tierra" o como "Tu redentor" (Isaías 41: 14), "Tu formador"...

En el caso particular del encuentro entre Dios y Jacob, Dios se identificó haciendo referencia a su relación con otras personas muy bien conocidas por Jacob. Dios despertó a Jacob aquella noche con las palabras : "Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac..."

Este texto bíblico presenta de manera maravillosa y emocionante la bondad y la misericordia de Dios. Permítanme recalcarlo. He aquí, tirado en el suelo, un hombre cargado de culpas y delitos. Un hombre que desde la niñez había sido instruido en los caminos de Dios. No se trata de un pagano o de un incrédulo, se trata de un joven nacido y criado en medio del pueblo de Dios. Se trata de una persona que de manera conciente ha deshonrado a Dios defraudando a su hermano, ha engañado a su padre y ha desconfiado de las promesas de Dios. Pero Dios no se acerca para reclamarle o despertar sus sentimentos de culpa. Dios no se detiene a discutir el pasado inmediato de Jacob. Dios se acerca a Jacob con una invitación velada pero muy evidente. Dios sorprende a Jacob en la soledad de su huída, a la hora más oscura de su vida y le dice: Jacob! ¡Yo quiero ser tu Dios! Quiero tener un lugar especial en tu vida, deseo tener una amistad contigo como la que tuve con tu abuelo Abraham y como la que tengo con tu padre Isaac. Yo no quiero seguir siendo el amigo de tu padre, deseo llegar a ser conocido como tu amigo.¡Qué manera más maravillosa de escribir la historia! ¡Qué manera más maravillosa de reorientar el rumbo de la vida de las personas! "Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia..." En este pasaje de la escritura se nos presenta a un Dios que anticipa el final de la historia y que reitera sus promesas aunque sin siquiera tiene una respuesta de parte del pecador. Este pasaje bíblico anticipa las palabras del apóstol cuando afirma "Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo no tomándoles en cuenta sus pecados..." 1 Cor. 5:19

Ahora volvamos nuestra mirada a la historia que Dios escribe en el camino hacia Damasco. En esta historia que sucede 16 siglos después encontramos los mismos elementos de la primera historia. Dios, esta vez ya encarnado en la persona de Jesús manifiesta la misma misericordia y sin rencores ni venganzas interviene en la vida de Saulo de Tarso y le ofrece su amistad. En este caso en particular, Dios decide no identificarse inicialmente. Llama por su nombre reiteradamente a Saulo y luego le lanza una pregunta que es un llamado a la relación y a la amistad. "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" ¿por qué no podemos ser amigos? ¿por qué tienes que estar en el otro bando? Saulo, Saulo, ¿por qué no cooperamos mutuamente en lugar de enfrentarnos uno al otro? Entonces Saulo, sorprendido por la intervensión divina pregunta respecto a la identificación: "¿Quién eres Señor?". Esta pregunta es ¡muy reveladora! el impacto que el encuentro ha hecho en Saulo es tal que, aunque no conoce a la persona que le habla, ya ha aceptado que esa persona es ¡su Señor! Es decir, desde ese momento Dios ya podía identificarse con las palabras: "Yo soy Jehová, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob...y el Dios de Saulo..."

Una vez que Jacob despierta de su sueño y reflexiona respecto a las palabras de Dios, el texto bíblico nos indica que Jacob hizo una decisión, según leemos en Génesis 28: 20 " E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios". Aquí todavía aparece Jacob como un personaje bastante egocéntrico movido por la teoría de las necesidades de Maslow; pero en fin, haciendo una decisión correcta, la cual contiene un elemento de compromiso personal. "Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti" Porque la relación con Dios no es sólo asunto de orar, leer la Biblia y meditar. Tener una relación con Dios es asunto de vivir para Dios, implica servir y obedecer con alegría y buena voluntad a Dios.

La misma verdad también se ejemplifica en la vida de Saulo de Tarso. Algunos años después de su encuentro con Jesús, Pablo le dijo al rey Agripa en Cesarea, "Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial.." Hechos 26:19. Hermanos, toda relación implica servicio, implica acciones en favor de los intereses de la otra persona con la cual nos relacionamos. Se trata de un camino de doble vía. El ser humano actúa en favor y de acuerdo con los intereses de Dios y Dios actúa en favor y de acuerdo a los verdaderos intereses de sus amigos.

El texto bíblico nos enseña que aceptar la amistad de Dios, o mejor dicho ser amigo de Dios implica aceptar que Él será nuestro Dios. Es aceptar el señorío de Dios en nuestra vida. Tener una relación con Dios implica no sólo aceptar los beneficios y ventajas que sus promesas y su poder. Tener una relación con Dios implica comprometerse, implica tomar posición y dejar de se neutral o indiferente.

En esta ocasión antes de terminar nuestra reflexión, siento la obligación moral de advertirles del grave peligro en que nos encontramos como miembros de esta sociedad impregnada de tecnología. Somos parte de una sociedad que cada día se interesa más y más por el conocimiento y la información. Estamos rodeados de información, mucha información. mucho más de lo que podemos absorver y manejar. Vivimos en una sociedad para la cual el conocimiento es muy importante. De hecho, la mayoría de los que aquí están reunidos en esta ocasión, esperan conseguir en esta institución algo más de conocimiento. Pero queridos hermanos, el conocimiento sólo o por sí mismo no es suficiente. Además de conocer, tenemos que disponer de la voluntad o el deseo hacer que ese conocimiento tenga utilidad práctica en nuestra vida. Ilustremos esto por medio de una escena en el aula de clase. Ricardo acaba de estudiar un tema sobre la alemania nazi y al desarrollar una discusión en clase respecto al tema de la discriminación el inicia preguntando ¿por qué algunas personas no gustan de otras?, pero luego sugiere que deben existir razones legítimas para que algunas personas se sientan superiores a otras y sigue haciendo preguntas hasta que termina diciendo que él ve razones para que algunos lleguen aún a matar a otros por causa de sus preferencias étnicas. El problema de este muchacho es que cuando él, por medio del conocimiento llega a entender lo que es verdad o correcto, el prefiere diferir su juicio personal , es decir prefiere no asumir un compromiso con la verdad que acaba de entender hasta que pueda entender todas las cosas que esa verdad implica. Si la verdad que se le presenta como conocimiento es algo que él desea hacer, entonces decide que en efecto eso es verdad. Pero si el conocimiento o la verdad que recibe se trata de algo que el no desea hacer, entonces sigue haciendo preguntas sin aceptar llegar a una conclusión respecto al asunto. Y finalmente racionaliza diciéndose a sí mismo que no es responsable de hacer cosas respecto a las cuales él no se siente seguro; de manera que no hace nada. En fin, Ricardo es el que determina lo que es verdad y lo que no es verdad, en lugar de permitir que la verdad le instruya respecto a lo que debe hacer. Aquí se trata de un problema de rebelión. No es un problema de discernimiento o comprensión. Si él hubiese tomado la determinación de vivir la verdad siempre que la encuentre, esa verdad lo impulsaría a hacer lo correcto. Las personas que tienen esta actitud sospechan o dudan de todas las cosas porque su discernimiento está oscurecido por su falta de voluntad de comprometerse con lo que es la verdad. Están confundidos y no hacen diferencia entre pensamiento crítico y actitud crítica. La forma como hacemos decisiones afecta la forma como pensamos. Si tu decides que harás cualquier cosa que sea correcta y verdadera aún antes de que conozcas la verdad, entonces serás capaz de discernir lo que es correcto y lo que no lo es y sabrás como aplicarla a tu vida. Jesús lo expresó en los siguientes términos "El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios o si yo hablo de mí mismo" Juan 7:17 Esto significa que desear hacer la voluntad de Dios, es una condición previa para conocer la verdad.

Vivimos una época en que la gente parece estar más interesada en saber que en hacer. No desean compromisos. Y no puede haber una relación verdadera, estrecha y permanente si no hay compromiso entre las partes. Este mal de nuestra época se evidencia claramente en la cada día más creciente tendencia a sustituir el matrimonio como un pacto para toda la vida, por relaciones superficiales sin lazos de permanencia.

Muy diferente es el ejemplo que nos ofrece Saulo de Tarso. Camino a Damasco se encontró con un conocimiento que conmovió su vida y trastornó su futuro. Había vivido de acuerdo al conocimiento que tenia, y aunque estaba muy equivocado, tenía una gran virtud, tenía la disposición a poner en práctica lo poco o lo mucho, lo malo o lo bueno de lo que conocía. De manera que cuando conoció la verdad Dios, se levantó para hacer lo que debía hacer sin ninguna objeción.

En esta ocasión, nuestro mensaje nos ha recordado que Dios anda en busca de amigos. Que Dios procura restablecer su relación con los pecadores. Para que eso sea posible, Dios tiene que tomar la iniciativa y no tomarle en cuenta sus pecados a los seres humanos. Cada vez que puede nos busca, nos hace su oferta de amistad. De esa manera desea intervenir en nuestra historia personal para darle un final feliz. Pero el final feliz de nuestra historia será el resultado de nos sólo conocer lo que Dios tiene para nosotros sino de la disposición obedecerle haciendo lo que debemos hacer.

Puede ser que alguno de los presentes esté pasando por uno de esos momentos claves de la historia de su vida, en ese caso, es el momento de responder a Dios de la manera como lo hicieron Jacob y Saulo de Tarso. ¿Permitiremos que el Señor intervenga en nuestra vida para escribir los capítulos finales de nuestra historia personal? ¿Qué historia quisiera escribir el Señor con tu vida a partir de hoy? ¿ Le permitirás?

También puede haber en esta congregación otras personas que tal vez no enfrenten un momento crucial de la vida, que tal vez acaban de pasar por uno de esos momentos y han salido victoriosos con el Señor. Para ellos el mensaje de esta mañana contiene un llamado al servicio y a la compasión. Un llamado para que asuman el compromiso de colaborar con Dios escribiendo historias a la manera de Dios. Ejerciendo la influencia personal en los momentos y las circunstancias oportunas para traer esperanza, ánimo y apoyo seguro a quienes sufren por el peso de sus pecados y sus consecuencias.

El mensaje de esta mañana nos recuerda que hay esperanza para todo aquel que permite que Dios intervenga en su vida. Que no hay un caso que sea perdido. Al respecto Elena de White escribió: "Dios desea que los que reciben su gracia sean testigos de su poder. A aquellos cuya conducta ha sido más ofensiva para él los acepta libremente; cuando se arrepienten, les imparte de su Espíritu divino; los coloca en las más altas posiciones de confianza y los envía al campamento de los desleales a proclamar su misericordia ilimitada". DTG, 766.

Alabado sea el Señor!