EL ENFOQUE HUMANO, NO HUMANÍSTICO DEL CURRÍCULO
Por Tevni Grajales G.*
Para el lector versado en las teorías curriculares, es evidente el amplio contenido humanístico de esta propuesta, por lo que procede una aclaración al respecto.

Reconoce el autor la existencia del humanismo ya por muchos siglos, aunque entendido de diferentes maneras. Desde la antigüedad, los griegos desarrollaron una cosmovisión que hacía del ser humano el centro del universo. Dentro del ser humano pretendían encontrar todo lo hermoso, verdadero y noble, por lo que se exaltaba el pensamiento y las acciones humanas en oposición a lo sobrenatural y los dioses.

Como reacción al radicalismo medieval, surge el humanismo clásico, durante el renacimiento, que proponía que el estudio de la literatura clásica liberaría la mente. En tiempo posteriores, y como reacción al énfasis científico-práctico, surge la corriente que propone el estudio de las humanidades para dar perspectiva y sentido de dirección al tratar con los problemas individuales y sociales.

También está el humanismo científico que sostiene que la metodología de la ciencia (el pensamiento analítico y cuidadoso en la solución de problemas) es la mejor forma de habilitar al ser humano para alcanzar mejores formas de vida. Otros como Schiller consideran que siendo la habilidad de pensar la más humana de todas las característica del hombre, se debe cultivar el pensamiento creativo como fuente de verdad, libertad y dignidad. Por último mencionaremos el humanismo existencial que sostiene que somos responsables de nuestras acciones y que la vida consiste en un constante elegir entre alternativas; el sentido de la vida está dentro de la persona y no fuera de ella.

Pero según Charles (1980), hoy, cuando los educadores hablan de humanismo se refieren a algo totalmente diferente a lo antes mencionado. Hablan de interesarse en los demás, de engrandecer de manera integral al individuo por medio de relaciones interpersonales que sean cálidas, abiertas, de apoyo, facilitadoras y no amenazadoras. El grupo todavía existe, pero el énfasis se pone en el bienestar y el crecimiento del individuo.

Elena de White (1974) afirma que en el mundo han existido hombres de grande intelecto que han estimulado el pensamiento, pero hay Uno que ellos no pueden igualar. "...en lo que tenga de cierto su enseñanza, reflejan los rayos del Sol de Justicia" (pp.11-12).

Esta afirmación encierra entre otras cosas el reconocimiento de que, perdido entre la confusión del pensamiento humano, se encuentra conocimiento valioso que, en su misericordia, Dios permite que los hombres puedan compartir. Si bien es cierto los humanistas tienden a no tener a Dios en su memoria, también es cierto que el Señor otorga sus dones a los buenos y malos (Mat. 5:45) por lo que no es de extrañar que conceptos cristianos legítimos, encuentre su correspondencia en los pensamientos y propuestas de la mente secular. Son verdades que, aunque mezcladas con el error, proceden de la misma fuente: el Sol de Justicia.

No deberíamos, por temor a ser mal interpretados, alejarnos de conceptos, metodologías y técnicas valiosas que comparten y practican quienes no tienen nuestra cosmovisión. Es muy obvio que nadie haría bien en sumirse en el fango con el fin de obtener un pequeño grano de maní, pero cuando se trata de conceptos debidamente considerados y aplicados que habilitan para un mejor servicio, no está demás el consejo del apóstol "escudriñadlo todo, retened lo bueno".

La historia de la educación cristiana enseña que desde el principio, Dios estableció un sistema de educación que tenía su orígen en Dios y se centraba en la familia. Como respuesta al pecado que contaminó al ser humano, Dios reorientó su enfoque educativo con el fin de lograr la restauración del carácter en el hombre, de modo que llegase a reflejar el carácter de Dios.

La educación y la redención son pues la misma obra, desde que el ser humano cayó en el pecado y se alienó del Dios.(White, 1974). Es pues en el ser humano, como individuo, en quien se focaliza todo proceso redentor-educativo. Dios amó de tal manera al ser humano, que dio a su Hijo (Juan 3:16) y esa obra salvadora no podría realizarse sino a partir de la condición humana, por lo que el Redentor se hizo humano y habitó entre los hombres (Juan 1:14), puso su tienda al lado de la los seres humanos, adecuó sus enseñanzas a la condición humana y por cuanto ellos participaron de carne y sangre, el también participó de lo mismo (Heb. 2;14).

No hay nada de impositivo ni autoritario en el proceso redentor. Los principios fundamentales del proceso son: el amor, la justicia, el libre albedrío, la solidaridad, la pureza, el orden, la sencillez, la obediencia voluntaria, la misericordia, el perdón, el servicio de amor, desarrollo continuo. Según White (1974:74) " El que trata de transformar a la humanidad, debe comprender a la humanidad. Sólo por la simpatía, la fe y el amor, pueden ser alcanzados y elevados los hombres", y hablando respecto a la forma de ser de Cristo como maestro dice: " En cada ser humano discernía posibilidades infinitas. Veía a los hombres según podrían ser transfigurados por su gracia...Al mirarlos con esperanza, inspiraba confianza. Al revelar en sí mismo el verdadero ideal del hombre, despertaba el deseo y la fe de obtenerlo" (White, 1974:76).

E. de White escribe a los educadores ASD respecto a la importancia de una educación que responda a las características particulares de los alumnos, en las siguientes palabras:

El maestro debe estudiar cuidadosamente la disposición y el carácter de sus alumnos, a fin de adaptar su enseñanza a sus necesidades peculiares. Tiene que cultivar un jardín, en el cual hay plantas que difieren ampliamente en naturaleza, forma y desarrollo (White, CM:177). Al mismo tiempo advierte respecto al peligro de que el maestro dedique excesiva atención a materias o temas favoritos descuidando el estudio o la atención de otros asuntos que son igualmente importantes para los alumnos. Respecto a esta conducta docente se expresa en las siguientes palabras: "Los están privando del desarrollo armonioso de las facultades mentales que debieran tener, como también del conocimiento que mucho necesitan"(CM,177). Respecto la trato con los alumnos, señala que, "Ningún hombre o mujer está preparado para la obra de enseñar, si es inquieto, impaciente, arbitrario o autoritario. Estos rasgos de carácter perjudican mucho en el aula de clase" (CM,178).

La educación cristiana no es humanista, en el sentido que reconoce que la persona humana no puede lograr su verdadero y completo desarrollo si tan solo depende de sus propias fuerzas. Una educación que supone que el hombre sólo necesita desarrollar lo que está dentro de él, fomenta la presunción y aparta de la fuente de verdadero conocimiento y poder. La verdadera educación integra los recursos y esfuerzos humanos con la sabiduría y el poder de Dios.

Pero al mismo tiempo la educación cristiana reconoce el valor del material humano con el cual trabaja; de modo que, el maestro, " sentirá interés personal por cada alumno y tratará de desarrollar todas sus facultades" (White, 1974:228). Se debe enseñar a cada alumno el valor de la aplicación y el esfuerzo debidamente dirigido, así como la importancia del desarrollo equilibrado de todo su ser. Cultivará y respetará la individualidad, reconociendo los derechos inherentes a cada persona humana, por la cual , Dios mismo, estuvo dispuesto a pagar un precio infinito.

La parábola del Buen Samaritano es el registro más vívido de lo que significa la obra de la educación del ser humano. El hombre, por causa del pecado, es como aquel viajero tirado al lado  del camino sin esperanza y listo para perecer. Aunque representaba en sí una vida útil y un gran potencial, estaba incapacitado para salir de su precaria situación por su propio medio, pero gracias al amor que lo arriesga todo para levantar al caído, el hombre fue restaurado en salud. Con el propósito de restaurar a la humanidad, todo educador cristiano debe emular a su Maestro de quien se dice: "vino al mundo con el amor acumulado de toda la eternidad" (White, 1974:72).

En toda enseñanza verdadera, es esencial el elemento personal. En sus enseñanza, Cristo trató individualmente a los hombres...Ni siquiera la muchedumbre que con tanta frecuencia seguía sus pasos era para Cristo una masa confusa de seres humanos. Hablaba y exhortaba directamente a cada mente y se dirigía a cada corazón....se percataba de las posibilidades que había en todo ser humano....hoy se necesita prestar el mismo interés personal y la misma atención al desarrollo individual. (White, 1974:227)



Tomado de Educación Cristiana para el Siglo XXI: una urgente necesidad
Montemorelos, N.L.: Editorial Montemorelos, 1997