EL PROBLEMA FUNDAMENTAL DEL AULA TRADICIONAL
Por Tevni Grajales G. *

El problema fundamental de la educación actual radica en que cada día es mayor la apatía de los estudiantes hacia la escuela. Existe una tendencia al estudio superficial  de las materias con el propósito de cumplir sea con requisitos de aprobación,  un horario de clases o con un contenido curricular pre-establecido en un tiempo determinado.

En esta ocasión introduciremos el problema que enfrenta cualquier tipo de educación que descuida el reconocer las diferencias de habilidades, intereses y formas de aprender que tienen los alumnos entre sí, independiente al tipo de escuela a la  cual asistan. Este autor propone que el aula tradicional, donde un grupo de alumnos de más o menos la misma edad, comparten una experiencia educativa uniforme, requiere de un cambio sustancial en las filosofía y la metodología de la educación si desea superar las serias deficiencias que sufre. Al mismo tiempo, los problemas propios del aula tradicional se multiplican en el aula rural (unidocente) que ha pretendido copiar el modelo tradicional y procura repetir la experiencia en un mismo espacio y de manera paralela con alumnos agrupados en un número plural de grados.

En primer instancia describamos a manera de ilustración el problema en el aula tradicional.

Al desarrollar una clase de estudios sociales, el maestro identifica las siguientes actitudes entre los alumnos :

Agobiado por tal situación, y después de haber dedicado algunas horas al planeamiento de la clase, el maestro se dice para sus adentros: ¡debe haber otra forma de enseñar estudios sociales, algo que resulte interesante y beneficioso para todos ellos! ¿Cómo podemos planear un programa instruccional que pueda acomodarse a las diferencias individuales que encontramos entre los estudiantes en nuestras aulas de clase? Como educadores, debemos sentir la obligación de proveer las mejores oportunidades de aprendizaje que sean posibles para cada niño. (Individualizing Teaching in Elementary School , p.18) El problema es claro:

No puede beneficiarse de la clase un muchacho que es casi un experto en el tópico de un programa que ha sido diseñado para personas que no están familiarizados con el mismo.

Si, en su aula, hay quienes gustan de hablar todo el tiempo y otros que no dicen una palabra a menos que usted se lo pida; hay quienes tienen suficiente auto-confianza como para acometer cualquier tarea mientras que otros desean estar seguros que cada paso que darán será correcto. Si en su clase hay quien pasaría todo el día leyendo, al tiempo que otros no soportan sentarse a leer más de cinco minutos; algunos están altamente motivados, y a otros no le importa. ¡Entonces Ud. debe saber, cuál es la forma de enseñar que sea adecuada para todos estos sujetos!

Sin duda Ud. ya lo ha reconocido. Según las palabras de Jeter (1980) los niños de la misma edad tienen diferentes características cognitivas y afectivas. No se puede esperar que ellos aprendan el mismo cuerpo de contenido en igual extensión de tiempo, y de la misma manera.

Los teóricos del crecimiento y desarrollo del ser humano, han traído a la luz principios que todo maestro debe tomar en cuenta al planear el aprendizaje de sus alumnos, y se podría decir que también lo deben tomar en cuenta quienes elaboran los macro-planes curriculares.

A continuación, me permito enumerar, algunos principios que explican los problemas que enfrentan los docentes en las aulas tradicionales:

Esta forma de trabajo que descuida las particularidades de cada estudiante debe ser superada por un modelo instruccional que diseñe tanto el currículo como su ejecución desde una perspectiva más personal e individualizada. Requiere de maestros formados para atender las necesidades, intereses y particularidades de cada uno de sus alumnos, independiente al número de sujetos que conformen su clase o grupo.


Tomado de Educación Cristiana para el Siglo XXI: una urgente necesidad
Montemorelos, N.L.: Editorial Montemorelos, 1997