LOS EFECTOS DE UNA EDUCACIÓN NO PERSONALIZADA
Por Tevni Grajales G.*


Una de las ideas más comunes respecto al aula tradicional es que esta facilita el planeamiento de la clase y como consecuencia la labor del docente porque supone que los alumnos tiene más o menos la misma edad, el mismo nivel  de destreza y conocimiento. De modo que el maestro puede "darse el lujo de" elaborar planes de clase y desarrollar la clase enfocando la conducta de un "alumno promedio".  Y es ese promedio el que más tarde usa para evaluar a cada uno de ellos y determinar su éxito o fracaso. -A esto se le llama, en muchos casos, justa imparcialidad-.

¿Quién se dedica a observar un árbol en el bosque? Un árbol es un árbol, ¡es como todos los demás!.

Pero si usted desea hacer crecer un árbol, recortándolo, alimentándolo para que tenga ramas fuertes, buenas flores, hojas brillantes, abundante fruto, -¡Usted tendrá que conocer muchos más acerca del árbol!

El maestro, los padres, y la sociedad desean que el alumno crezca fuerte, que florezca hermoso y con la capacidad de enfrentar de manera calmada cualquier tormenta. Pero los maestros son muy buenos enseñando a grupos, enseñando a "estudiantes promedio" míticos, quienes presumiblemente tienen el mismo intelecto, habilidades, personalidades, intereses, trasfondos, motivos, etc. (Charles, 1980).

Este enfoque incrementa el aprendizaje negativo, creando un ambiente propicio para la frustración, el aburrimiento y el fracaso. Esto resulta así porque en la realidad no existe el alumno promedio. Por lo que deberíamos de establecer una norma que dé por sentado que los alumnos son diferentes y que promueva el desarrollo de la singularidad individual. (ITinES,18,19).

Esta se la esencia de una educación que se centre en el alumno y que pretenda un desarrollo humano genuino. Pretender tratar a los alumnos como si fueran iguales, puede ser altamente inconsistente. La diferencia en peso, tamaño, edad, estilo de vida, nivel socioeconómico, género, son factores que conducirían al doctor a prescribir los medicamentos de acuerdo a las necesidades individuales aunque varios de ellos sufrieran de la misma enfermedad. Los alumnos tienen diferentes trasfondos, destrezas, temperamentos y deben ser tratados de acuerdo a sus necesidades, intereses y habilidades.

Desafortunadamente, el maestro es el profesional que más a menudo se expresa resistiendo el principio de la diferenciación individual.

"¡Trátelos a todos por igual; pruebe que usted es imparcial y recto!" Posiblemente es uno de los mayores errores entre los educadores.

Jesús demostró su preocupación por cada persona y las trató de diferentes formas. Sus discípulos se consternaban y sus enemigos le criticaban; nosotros hoy tenemos dificultad para justificar sus acciones en la medida como variaron de persona a persona. Aún sus parábolas parecieron injustas, como en el caso de la de los talentos. ¿Por qué una persona recibió más talentos que otro? Pero el texto lo aclara: cada uno según su capacidad. Dios ama la variedad y la belleza. Debemos estar agradecidos porque no nos vemos, actuamos, pensamos, vestimos de la misma manera, tampoco preferimos las mismas cosas.

Una de las más grandes injusticias alguna vez impuestas sobre el hombre, es aquella en que todos son tratados igual o de una manera determinada. Esta falta de equidad se ilustra muchas veces en la educación. (Hilde, 1977).

No se confunda. Los maestros saben que los estudiantes son individuos. Ellos amarían poder enseñarles como individuos; de hecho, muchas de sus reuniones están centradas en temas como estos, muchos tratan de hacerlo y algunos llegan a esfuerzos extremos, pero no logran tener el éxito que desearían tener. El problema está más allá del aula actual. Existe un problema de tipo estructural el cual esperamos enfocar un poco más adelante.

Los maestros encuentran gran dificultad para enseñar en forma individualizada por tres razones:

Una clase de 30 alumnos con diferentes personalidades, niveles de motivación, habilidades y estilos de aprendizaje, conduce a 810,000 combinaciones que deben ser tomados en cuenta. Esto desanima al maestro y lo devuelve a su exposición tradicional (Charles, 1980).

Cuando se asignan nueve meses para dominar el primer año de álgebra a un grupo de alumnos, se encuentra que algunos fracasan aunque con un poco más de tiempo habrían tenido éxito. Y por otro lado, los alumnos brillantes y con habilidades deberán esperar hasta el siguiente año, antes de tener el privilegio, en el aula, de entrar en estudios avanzados.

Unos sufren la frustración del fracaso al no tener la oportunidad de completar su trabajo y los otros se frustran al detener su avance y no poder trabajar a la altura de sus habilidades. Esto explica los esfuerzos de algunos sistemas educativos por establecer escuelas especiales para estudiantes en ambos extremos, cosa que no contribuye a una educación integral y democrática, al mismo tiempo que incrementa los costos operativos del sistema. El problema está más allá de lo que sucede en el aula, es un problema estructural que debe ser abordado con una nueva visión de la educación.

Si una persona tiene la habilidad para alcanzar cierta norma, otro no debería ser marcado como fracasado porque no pueda alcanzar la misma norma. Lo que se debe esperar es que cada uno haga el mejor esfuerzo para alcanzar las metas personales razonables. Cuando una persona es fiel en esto, encontrará que Dios lo capacita para alcanzar alturas que nunca soñó alcanzar. Se da la promesa- "El ideal que Dios tiene para sus hijos está por encima del alcance del más elevado pensamiento humano...Ante el estudiante se abre un camino de progreso continuo...Progresará tan rápidamente e irá tan lejos como fuere posible en todos los ramos del verdadero conocimiento" (Ed.16). El contexto da evidencia de que ésta promesa se aplica a cualquier área del desarrollo y la educación del ser humano.

Lo que hemos sostenido en las páginas inmediatamente anteriores, es que el maestro que administra la educación en un aula tradicional, tiene delante de sí una realidad que puede tratar de desconocer pero no puede evitar: los alumnos son diferentes y mucho más de lo que se espera que fuesen.

Cuando el maestro intenta realizar un esfuerzo concienzudo, lo primero que realiza es un diagnóstico que le permita considerar los insumos disponibles para introducir en el proceso sistémico de la enseñanza-aprendizaje. Al evaluar a los alumnos podrá reconocer como mínimo, que no tienen un igual nivel de logro en todas la materias. En un grupo de 30 alumnos, un mismo alumno -por ejemplo- puede tener un alto nivel de logro en lo que se refiere a la ciencia hasta el grado de poder participar en el grado inmediatamente superior al que está inscrito, pero ese mismo alumno puede tener serias deficiencias en otra de las materias del currículo - idioma nacional- hasta el punto de estar uno o dos grados académicos atrasado; al mismo tiempo al evaluar su nivel con respecto a las otras materias del programa, el maestro encontrará que el mismo alumno se ubica en diversos escalones de una escala que puede abarcar varios niveles.

En un aula tradicional al menos se encuentran alumnos en cuatro niveles diferentes para cada materia. C.M.Charles (1980:16) declara al respecto que, independientemente del grado en que el alumno se encuentre, sea pre-escolar, duodécimo o la licenciatura, se encontrará una amplia diferencia de niveles de conocimiento y habilidad entre los estudiantes. Por lo que el maestro concienzudo, deberá hacer provisión para atender estas diferencias y permitir a cada estudiante un crecimiento integral, equilibrado, y continuo.

Esta realidad inobjetable de las aulas tradicionales, obliga la conclusión de que el sistema educativo debe ser planeado y desarrollado de manera que facilite la atención de este tipo de diferencias. El maestro debe ser entrenado para practicar métodos individualizados y personalizados de la enseñanza de modo que pueda lograr la excelencia tan apetecida en la educación.

Pero hay una segunda conclusión mucho más interesante todavía: Cuando el maestro del aula tradicional asume de la manera seria y responsable la tarea de atender las diferencias individuales de sus estudiantes, se verá en la necesidad de desarrollar procesos de enseñanza y aprendizaje propios de: -¡un aula multigrado!

Entonces, no son las aulas tradicionales las que necesitamos en las zonas marginadas y rurales de nuestros países, sino que necesitamos aprender a realizar una nueva educación multigrado que responda a la necesidad de los alumnos en cualquier circunstancia.

La primera y más importante razón de proponer el planeamiento de la educación tomando en cuenta el nivel de cada alumno y no el grado o edad del mismo, como el centro de atención de la nueva educación para el siglo XXI no es de origen socioeconómico, sino de calidad de la educación y excelencia en el desarrollo humano.

Además conviene destacar que esta forma de trabajo en el aula permitiría a los maestros debidamente entrenados y equipados permitiría que las iglesias que tienen un reducido número de alumnos operen sus escuelas con un índice de alumno por maestro adecuado a al potencial económico de la escuela. Esto significa que para establecer la escuela se deberá hacer una inversión tanto en la capacitación del maestro como en el acondicionamiento del local y el equipo; pero una vez hecha la inversión inicial, se elimina la pesada carga que genera el desajuste financiero que por muchos años han soportado las escuelas con bajo índice de matrícula.



Tomado de Educación Cristiana para el Siglo XXI: una urgente necesidad
Montemorelos, N. L. : Editorial Montemorelos, 1997