Desarrollo espiritual y educación del ser

Por Tevni Grajales G.


Ponencia Magistral al II Congreso Iberoamericano de Educación Adventista
Montemorelos, N.L. México 15 de Julio de 1998


Desde el principio,  educación y religión constituyeron una unidad indivisible. Al respecto Elena de White dice: “El sistema de educación instituido al principio del mundo, debía ser un modelo para el hombre de todos los tiempos... El jardín del Edén era el aula, la naturaleza el libro de texto, el Creador mismo era el Maestro, y los padres de la familia humana los alumnos.”  La declaración antes citada afirma que desde el principio, Dios tuvo un lugar central en el proceso educativo del ser humano. Y refiriéndose a la persona humana, la escritora inspirada dice que “todas sus facultades  eran susceptibles de desarrollo; su capacidad y vigor debían aumentar continuamente. Vasta era la esfera que se ofrecía a su actividad, glorioso el campo abierto a su investigación.”  De esta segunda declaración se deriva que el ser humano como sujeto susceptible al desarrollo integral continuo podía incrementar su perfección original al tiempo que investigaba las maravillas de la creación divina. Todavía, en nuestros tiempos, autores no creyentes reconocen la educación como un proceso de perfeccionamiento “de sus elementos integrantes hasta constituir al hombre todo”   que abarca todas las dimensiones de la persona en un “intento, siempre inacabado, de integrar armónicamente lo biológico, lo psíquico, lo social, lo ético, lo económico... de lo humano en el proceso perfectivo del hombre,<y que> define en su esencia la naturaleza de la relación educativa”.  Esta relación, como educadores cristianos, entendemos que solo se logra cuando nos ponemos “en contacto con la Inteligencia poderosa e invisible que obra en todas las cosas y por medio de ellas. La mente del hombre se pone en comunión con la mente de Dios, lo finito, con lo infinito... En esta comunión se halla la educación más elevada.”   De todo esto resulta que la educación es proceso y producto de la relación con Dios.

El proceso educativo propuesto inicialmente por Dios fue alterado, pues “la desconfianza en la bondad de Dios, la falta de fe en su palabra, el rechazo de su autoridad... convirtió a nuestros primeros padres en transgresores y eso introdujo en el mundo el conocimiento del mal. Eso fue lo que abrió la puerta a toda clase de mentiras y errores”  de modo que fue necesario poner en marcha  un plan de contingencia. Así lo afirma White cuando  dice: “En el plan divino de la educación, adaptado a la condición del hombre después de la caída, Cristo figura... como eslabón de unión entre Dios y el hombre; él es el gran Maestro de la humanidad, y dispuso que los hombres y las mujeres fuesen representantes suyos. La familia era la escuela, y los padres eran los maestros”.  De manera que una vez que el ser humano cayó en la condición de pecado, se incrementó la importancia de la relación divino-humana para el perfeccionamiento humano.

El proceso por medio del cual la persona humana se integra a la vida, desarrollando sus capacidades y ocupando su lugar en el contexto cultural en el que le toca vivir fue, desde el principio, prerrogativa  de la familia, bajo la dirección de los padres.  Esto explica y justifica una concepción integral del proceso educativo. La educación es un derecho y una necesidad de la persona humana.  Tiene la misión de capitalizar todo el potencial inherente al individuo a fin de proyectarlo a través de la vida hacia el logro de su plena realización física, mental, social y espiritual.

En sus inicios, la educación de la persona consistía en una especie de inducción a la vida dentro de la familia; esto permitía la transmisión de los valores de la familia y de la sociedad que constituía. Los pueblos más antiguos de Asia, Europa y América  atribuyeron esta función a la familia.  Es en el ambiente familiar que la persona se conoce a sí misma, y al mundo que le rodea;  allí evoca su sentido de ser, aprende el lenguaje, desarrolla habilidades para comprender la contextualidad de su vida, desarrolla hábitos de juego y trabajo, desarrolla destrezas motoras, destrezas cognitivas, destrezas afectivas. En el ambiente familiar, el individuo,  obtiene una cosmovisión guiadora y por ende un concepto de trascendencia y espiritualidad que determina sus fines supremos.

No existe mejor contexto para la educación que el ambiente familiar, pero desafortunadamente, mucho tiempo ha, la familia perdió su capacidad para responder plenamente a la tarea de educar a la persona humana . La complejidad de la vida humana y el desarrollo de organizaciones sociales más complejas rebasaron los recursos familiares y trajeron consigo modelos de especialización y por ende discriminatorios en términos de oportunidades para el desarrollo personal. Las formas de gobierno y las luchas de poder en la sociedad, privilegiaron con la educación a quienes parecían llamados a  dirigir a los pueblos;  fueran estos líderes religiosos, militares, potentados económicos o políticos.  De esa manera,  la educación, como un proceso inductor del ser humano,  se constituyó en una herramienta codiciable  para controlar a las naciones,  por medio del monopolio del saber y la formación del recurso humano. Carlos Olivera al referirse a la adopción del modelo de enseñanza popular gratuita, laica y obligatoria copiado de Francia por los países latinoamericanos, señala que estos “préstamos se consideraron tanto más hacederos cuanto que se los veía sola o principalmente desde el ángulo de la política, es decir, pensando en el sistema de educación popular como un instrumento de poder, al servicio del progreso económico y de la consolidación de las instituciones republicanas, y no  en los problemas pedagógicos y metodológicos o en la situación cultural del ambiente”.

Dirigentes religiosos y seculares se empeñaron en una lucha por el control del proceso educativo. Este conflicto entre religiosos y políticos, la mayoría de corte liberal, no necesariamente era por el interés en la persona, como en los beneficios que reporta educarla de acuerdo con los fines e intereses que mejor convengan a la clase dirigente de la sociedad que se pretende liderar. La idea que origina esta lucha es la siguiente: quien controla la educación controla la sociedad.

El mundo occidental reaccionó ante los absurdos y contradicciones de la doctrina y las tradiciones que a nombre de Dios y de la Biblia  se enseñaron durante la Edad Media. Esta reacción se inicia con la gran reforma promovida por Lutero en el siglo XVI  contra  una forma de religión que no representaba la verdad bíblica, pero que fue impuesta por más de 1260 años según lo predijo la profecía de Daniel 7 y Apocalipsis 11, 12.   Posteriormente surge la reacción de los pensadores liberales de los siglos XVIII Y XIX,  lo cual los enfrentó a los conservadores (representantes del clero), esta vez en el ámbito de la política. Pero en gran medida fue una reacción de parte de personas que tenían sentido de conciencia individual contra la religión del medioevo y sus tradiciones, desafortunadamente no conocieron otro concepto de religión y eso los condujo a rechazar la Biblia y a Dios. De esa manera se abrieron las puertas para el modernismo y el posmodernismo, fenómenos humanos caracterizados por el rechazo de lo religioso y la exaltación de lo secular.

No es posible detallar los diversos matices que ha tenido,  a través del tiempo, la lucha por el control de la educación. Lo que nos interesa es señalar que mucho tiempo atrás se perdió el sentido primario de la educación como un proceso de desarrollo integral de la persona humana, a la luz de su propia valía, y se  transformó  la educación  en un proceso al servicio de los intereses de una mayoría o minoría en el poder. Un producto natural de esta tergiversación es el esfuerzo por extraer  de la educación formal el componente religioso espiritual que requiere el  desarrollo humano.  Como una forma de evitar la mezcla  de los asuntos religiosos con los del poder público,  países como Estados Unidos de América determinaron la no-intromisión del estado en los asuntos educativos ; otros países –como México-  optaron por excluir a los religiosos de la educación.    En otros países se privilegió la religión de la mayoría como responsable del componente religioso de la educación estatal; entre ellos están Costa Rica, Colombia y la mayor parte de los países iberoamericanos que giran bajo la influencia del catolicismo.

En la actualidad, la educación tiene un fuerte componente religioso en los países que autorizan instituciones educativas confesionales –como en Belice. Pero en la mayoría de los casos, el Estado se reserva el derecho de determinar el contenido curricular, limitándose a conceder permiso para que se dicten cursos de religión. Esto significa  una educación donde  la vida se presenta fragmentada, una educación que desconoce la integralidad de la dimensión espiritual con el resto de la realidad .

En los Estados Unidos de América el presidente Clinton propuso en 1997 que se  establecieran normas nacionales de resultados educativos por medio de un programa denominado “Goals 2000”.  Esto, en una sociedad que separó por muchos años al gobierno federal de la administración directa de la educación, ha sido interpretado como un “cambio en el balance de poder... que minará la libertad de intelecto y espíritu que ha sido tan esencial a la experiencia Americana.”   Tal situación fue prevista por  personas que en el siglo pasado favorecían una educación laica, “sin huella de los principios en los que se  basan las religiones reveladas”  como propuso Emile Durkheim, advirtiendo  al mismo tiempo del peligro de la intromisión excesiva del Estado. Señaló  que “por derecho propio, es la sociedad a la que le concierne la tarea de educar, y al Estado la de favorecer y facilitar aquella misión social, interviniendo dentro de los límites que la sociedad le impone, contra todo lo que sea presión ideológica, lesión de los derechos de la familia o del individuo a la educación, coacción de la libertad de enseñanza, imposición de criterios políticos de partido.”   Durkheim afirma que es necesaria una educación en valores morales y que el Estado debería promoverla suponiendo que lo hará de la manera “menos agresiva y menos violenta y que sabrá  mantenerse dentro de límites prudenciales”.

Con el transcurso del tiempo, la tarea educativa se conceptualizó como transmisión de información, otorgándosele un énfasis academicista que bien puede denominarse instrucción. De hecho, algunos estados llegaron a identificar al ente encargado de esta actividad como secretaría o ministerio de instrucción. Otros utilizan el término educación, pero es evidente la fuerte tendencia a la transmisión de información más que al desarrollo o formación de la persona. Como es el caso de los criterios de evaluación que se utilizan por parte de los estados para la aprobación de programas o el reconocimiento de grados.

Para quienes vivimos en Latinoamérica, es parte de nuestra formación cultural y concepción educativa justificar la injerencia del estado en la educación. Vemos esto como una forma de democracia que protege los intereses de las clases desprotegidas.  Creemos que la separación del estado y la iglesia justifica el ejercicio de una educación laica, como en el caso de la educación mexicana. Pero si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta de dos cosas muy importantes:

1) No existe la  llamada “educación laica":  Todo proceso educativo está constituido con un fuerte componente religioso, que en algunos casos puede ser llamado ideología, filosofía, cosmovisión o suposiciones.  Es posible que no se enseñe religión, entendiéndose ésta como culto a  Dios o conjunto de dogmas, pero se integran conceptos religiosos y filosofías como yoga, naturalismo, panteísmo, nueva era, cientificismo, ateísmo y muchos otros.
2) La libertad para desarrollar una educación que responda a los intereses del reino de los cielos y la formación de un ciudadano no solo de esta tierra, queda mediatizada por los intereses y concesiones que el Estado considera apropiado aplicar. Esto implica que el currículo y su administración por lo general, responde a un proyecto del Estado. Este pocas veces es modificado,  pero sí complementado con un componente religioso en lo que para algunos es integración de la fe. Esto no  garantiza una educación auténtica fundada en los principios teológico-religiosos  que nos identifican. Más bien, resulta en un proyecto estatal con matices religiosos.  La educación que está en manos del Estado difícilmente responde a los intereses del gobierno celestial. Cuando, a fin de ofrecer educación con reconocimiento oficial, accedemos a la dirección,  supervisión y control estatal, comprometemos la libertad para desarrollar un proyecto educativo a tono con nuestra cosmovisión. En otros casos, teniendo la oportunidad de elaborar el currículo y desarrollar nuestros textos, materiales y estrategias, podemos caer en la tentación de ahorrar esfuerzos, copiando lo que otros han hecho sin percibir el contenido teológico y  filosófico de las acciones.
El punto central del argumento es que, desde la perspectiva bíblica, la verdadera educación y la religión son una misma cosa, pues no "existe verdadera educación sin Cristo y los beneficios que su obra intercesora ofrece.”  En palabras de Elena de White, la verdadera educación “es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales” , lo cual, para que sea armonioso, no solo requiere de un equilibrio adecuado al ponderar el peso de cada uno de los componentes del programa, sino adecuación del planeamiento educativo a las necesidades y potencialidades del estudiante, cosa que difícilmente se puede realizar siguiendo un programa estatal de educación masiva. Para el educador adventista, educación y religión son dos caras de una misma moneda.

Antes de reflexionar respecto a educación y religión en el contexto adventista, conviene recordar que Elena de White fue movida por Dios a proponer el establecimiento de instituciones educativas por parte de la Iglesia Adventista como parte de su papel
restaurador.   Elena de White hace declaraciones que coinciden con las de educadores de su tiempo los cuales, aunque desde perspectivas espirituales diferentes, coincidieron con la inspiración profética.

María Montessori (1860-1952), doctora en medicina, católica italiana, que se vio involucrada en la atención a niños retrasados, realizó una serie de investigaciones que justificaron el establecimiento  en el aula, de un ambiente facilitador en el que el maestro es un apoyo al niño que se esfuerza en su propio desarrollo en auto-disciplina. Ella clamaba por un maestro sin orgullo y sin enojo que supiera dar al niño el lugar que le corresponde como persona . Lo que en palabras de Elena de White “no consiste en inculcar por la fuerza la instrucción en una mente que no está lista para recibirla. Hay que despertar las facultades mentales, lo mismo que el interés”

Por otro lado, el educador evolucionista, pragmático-instrumentalista John Dewey (1859-1952) "rechazó el dualismo mente/cuerpo, sostuvo que el fin último de la educación era el crecimiento,  percibió la educación como un fin en sí mismo y la centralidad de las ocupaciones”.  Esto  lo condujo a proponer que la educación debía preocuparse por las destrezas manuales, considerar el interés del estudiante, los problemas actuales, atender el bienestar físico y moral en adición al desarrollo intelectual del estudiante.  En este sentido Elena de White recalca la importancia de un desarrollo equilibrado de las facultades físicas y mentales, ve en el trabajo manual un medio valioso para la formación del carácter y el desarrollo físico del estudiante “Es más eficaz para estimular el crecimiento de la mente y del carácter aquello que adiestre la mano para la labor útil y enseñe al joven a llevar su parte de las cargas de la vida”.  La práctica de tal principio implica un cambio radical de las condiciones operativas de un buen número de las escuelas. White dice: “Y en cuanto sea posible, toda escuela debería tener facilidades para proveer una educación manual. Esta educación sustituiría en gran medida al gimnasio y produciría además el beneficio de una disciplina valiosa”.   Todo esto a la luz del concepto bíblico de que el trabajo fue ordenado como una bendición, desde antes de la entrada del pecado y que significa desarrollo, poder y felicidad; es una salvaguardia contra la tentación y por ende parte del plan de Dios para la restauración del ser humano.

Tanto Montessori como Dewey apuntaron a algunos aspectos de la educación que son importantes desde la perpectiva de la educación cristiana –la relación afectuosa y trato humano del maestro hacia el alumno, quien debe lograr un desarrollo integral- pero fallaron en reconocer el lugar que corresponde a la vida religiosa y espiritual en la integralidad del proyecto educativo.

Elena de White se adelanta a sus contemporáneos al proponer una educación integral en todo el sentido de la palabra; una que responda a las necesidades físicas,  intelectuales, sociales y espirituales, teniendo como fundamento la verdad contenida en la Biblia como autoridad procedente de Dios, fuente de todo conocimiento y verdad.  Esto significa que la cosmovisión de quienes participan del proyecto educacional ASD  está enmarcada por las grandes verdades de la Biblia. Todo educador ASD debe estar inmerso en el proceso redentor, como un instrumento en manos divinas, para realizar una obra sobrehumana: restaurar la imagen de Dios en el hombre.

La educación, según la propone White,  objeta  toda forma de humanismo, panteísmo, así como la “rivalidad egoísta”  y la emulación que conduce a la “improbidad y al fomentar la ambición y el descontento, amarga la vida y contribuye a llenar el mundo de esa clase de espíritus inquietos y turbulentos que son una amenaza continua para la sociedad”.

El último lustro del milenio encuentra a la sociedad clamando por la restauración de valores y buscando una fórmula para integrar a los sistemas educativos una forma de moralidad y ética que no esté comprometida con la religión. Meta imposible de lograr porque el tiempo parece señalar que educación sin religión no es educación.

Hoyse habla de educación del carácter , educación holística , educación ética , como resultado del gran vacío axiológico que experimenta la sociedad del nuevo siglo. Este clamor generalizado abre las puertas para que los educadores ASD ofrezcan una alternativa pedagógica funcional. ¿Cuáles son las características de tal proyecto?

La educación entendida según la perspectiva bíblica adventista se fundamenta en las siguientes directrices:

1. El ser humano fue creado por Dios a su imagen, perfecto en todo sentido y libre para elegir entre el bien y el mal. La persona humana es una unidad holística que debe su humanidad al dominio de la mente sobre los demás componentes de su persona, cada uno se caracteriza por cualidades que lo distinguen como individuo único, con valía propia y dignidad. Cada persona humana enfrenta, sufre, participa y se ve comprometida en el conflicto entre el bien y el mal, sin poder triunfar a menos que reciba la ayuda divina provista por gracia en la persona de Jesucristo, a fin de que se cumpla el propósito y blanco de la educación: la restauración de la imagen de Dios en cada estudiante.

2. El maestro, quien comparte con su alumno los mismos desafíos, es un instrumento en las manos de Dios para exponer la verdad y velar por el bienestar integral de quienes están bajo su responsabilidad. En el hogar esta tarea es de los padres y en el sistema educativo formal corresponde al maestro, quien deberá desarrollar y exhibir cualidades espirituales, desarrollo mental, habilidad social y buena salud como un ejemplo de lo que procura en sus alumnos: la restauración de la imagen de Dios en cada persona.

3. El currículo debe ser auténtico y viable; desarrollado y ejecutado de manera consistente con respecto a los fundamentos metafísicos y epistemológicos del cristianismo bíblico.  Toda verdad es de Dios, quien es la fuente de todo verdadero conocimiento,  y “aunque no todas las verdades están expuestas en la Biblia, ninguna de ellas existe fuera del marco metafísico de la Biblia. De modo que la Biblia provee un fundamento para todo el conocimiento humano, y su significado general, permea toda área del currículo y añade significado a cada tópico. Desde esta posición, la Biblia es tanto fundamento como contexto, eliminando toda separación entre lo sagrado y lo llamado secular. Cada tópico en el currículo impacta los otros tópicos, pero todos hallan su pleno significado cuando son vistos desde la perspectiva de Dios”.

      El estudio de las ciencias naturales, las ciencias exactas, la historia, las letras, el arte en sus diversas formas, tienen como propósito conocer a Dios,  su carácter, conocer su forma de obrar a favor de la creación, conocer sus planes y la forma como todos los fenómenos corresponden a los designios divinos. Cualquier materia o contenido que no parezca conducir a una mejor comprensión del carácter y propósito divino pierde su importancia en el currículo educativo ASD. Las materias y cursos que se dictan deben responder a las necesidades y capacidades de cada estudiante de manera individual, lo que requiere de parte del docente de un planeamiento personalizado que facilite al alumno un avance de acuerdo con su potencial y en estrecha correspondencia con su contexto.

4. El ambiente debe ser moderado por una conciencia permanente de la presencia de Dio,s ante quien se desenvuelve cada uno de los actores del proceso educativo. Las palabras y las acciones deben corresponder a un ambiente de  simpatía, fe, amor que valora la verdad, el honor, la integridad, la confianza y compasión que discierne en cada ser humano posibilidades infinitas. El orden, aseo y buen gusto deben coincidir con la sencillez y decoro que busca honrar a Dios antes que satisfacer intereses egoístas. El espíritu de cooperación y servicio constituye una fuerza que facilita el desarrollo de las actividades y empresas educacionales, libres de la rivalidad que enemista y que apela al orgullo humano. La disciplina se fundamenta en la confianza que se otorga a cada individuo y en la capacidad individual de auto-gobierno bajo la directriz de la Palabra y el Espíritu de Dios.

5. Tanto el docente como los padres y los alumnos deben reconocer que “la verdadera educación no desconoce el valor del conocimiento científico o literario, pero considera el poder como superior a la información; la bondad al poder; el carácter al conocimiento intelectual.... la  verdadera educación es una influencia que contrarresta la ambición egoísta, el anhelo de poder, la indiferencia hacia los derechos y necesidades de la humanidad...cada uno debe perfeccionar sus talentos hasta lo sumo y la fidelidad con que hace esto, sean pocos o muchos los dones, es lo que da derecho a recibir honor”  La función de la escuela cristiana es educar a los jóvenes de la iglesia para servir a Dios y a sus vecinos más que entrenarles, para servirse a sí mismos por medio del logro de una buena posición y un ingreso confortable”.

6. Todos los participantes del proceso educativo deben contar con igualdad de oportunidades para triunfar, según el desarrollo y potencial personal, y sin presiones extrañas. Esto implica el reconocimiento de los derechos fundamentales del alumno en una escuela adventista, que son:

7. Vincula el hogar y la iglesia con el proceso educativo formal que se desarrolla en la escuela. Esto significa que debe surgir de la congregación, y debe consistir en un proyecto educativo que involucre a todos los miembros de iglesia sin distingo  de su edad. Debe habilitar a la familia para que cumpla su misión como centro educativo por excelencia. Al integrar a los menores en un programa escolar, la familia debe tener un papel claramente especificado en el mismo. Padres y maestros deben ser parte del equipo de trabajo de manera que exista correspondencia entre lo que se hace y dice en la casa y la escuela.

8. Los docentes son modelos que ejemplifican los propósitos, principios y valores que procuran desarrollar en sus alumnos. Las palabras, las actitudes de los maestros y su trato hacia el alumno son las herramientas más poderosas para el desarrollo del carácter, por lo que el modelo educativo ASD debe toma muy en cuenta las calidades del docente, el cual deberá reconocer la primacía del ejemplo sobre lo que se dice y buscará correspondencia entre su doctrina y sus acciones diarias. La experiencia del docente en su relación con Dios y su Palabra se evidencia en su conducta, sus objetivos, sus contenidos y métodos.

9. Promueve un estilo de vida sano. El cuidado del cuerpo, la conservación de la salud por medio de un estilo de vida saludable, se justifica a la luz de la responsabilidad humana de hacer uso sabio de la vida. El programa educativo ofrecerá oportunidades de conocer y practicar los principios básicos, de modo que toda área o sector del planeamiento educacional evidencia la importancia que otorga a bienestar físico de la persona, fundado en una alimentación sencilla, sana complementada con ejercicio productivo y descanso oportuno. El orden, la higiene, la conservación del medio ambiente,  el buen gusto en el arreglo de la planta física, demuestran que el proceso educativo se desarrolla en la presencia de Dios quien mediante su Espíritu y sus ángeles es visitante distinguido y permanente.

10. Desarrolla relaciones humanas positivas regidas por principios cristianos. El trato entre las persona, se rige por la norma cristiana del amor que en lugar de requerirse como una obligación por parte de otros, éste se da generosamente procurando con ello una respuesta de los demás. Los hechos y las actitudes más que las palabras evidencian el interés genuino de unos por otros, el más débil o desprovisto es tratado con consideración y respeto, las estrategias curriculares se diseñan a fin de atender su necesidad de manera apropiada, sin por ello descuidar a lo más aventajados. El espíritu de cooperación y servicio facilita el logro de los objetivos por medio del libre intercambio de la información y los recursos disponibles. La fuerza motivadora del proceso se genera de manera intrínseca en la expectativa de honrar a Dios por el desarrollo ilimitado de las facultades recibidas. El aplauso y la exaltación propia se considera una falsa fuente de motivación, así como el espíritu de rivalidad y el deseo de superar a otros. La persona es evaluada a la luz de su potencial y las oportunidades disponibles, se reconoce el esfuerzo y empeño más que la cantidad del resultado obtenido, se rechaza toda actitud conformista y el espíritu de gratificación  fácil e inmediata. La honradez, la pureza, la solidaridad, el respeto a los derechos de la persona, el dominio propio o disciplina son internalizados en el alumno por medio de procesos no impositivos o autocráticos, sino apelando al sentido común,  la inteligencia y buena voluntad de la persona.  Se entiende que no es posible una verdadera educación cuando no se cuenta con la cooperación voluntaria de la persona a la cual se le ofrece. La oferta de la  redención no debe ser impuesta, sino que debe ser aceptada por la persona.

11. La educación adventista reconoce la primacía de lo espiritual, por lo que la devoción personal, la adoración y culto congregacional, así como el estudio de la Biblia, fácilmente encuentran lugar en el programa y ambiente educativo. La institución educativa adventista es un lugar en el que cualquier persona que desea servir, adorar y obedecer a Dios se sentirá cómoda, libre para hacerlo.

Pero la experiencia espiritual en la educación  trasciende el ámbito de lo devocional y conduce al alumno a discernir la sabiduría, el carácter y la voluntad de Dios al estudiar, analizar y comprender las complejas realidades (sean fenómenos matemáticos, químicos, físicos, psicológicos, etc. la biología, la fisiología, la economía, etc.)  del mundo que Dios creó y sustenta.  Si se entiende que la vida y el cuerpo son dones de Dios y que somos responsables de lo que hagamos con ellos, el desarrollo intelectual estará complementado por un conocimiento apropiado del cuerpo y su cuidado, de modo que conduzca a la práctica de labores o actividades físicas, según un estilo de vida saludable en el que se conozca y practique el ejercicio, el descanso, la alimentación apropiada, y los mejores criterios de salud preventiva. También debe lo espiritual permear el estudio de la sociología, la historia, la política, la ética, etc, de modo que se comprenda y reconozca que somos hijos de Dios y miembros de una misma familia a la cual debemos amor y servicio desinteresado.  Esto debe conducir al desarrollo de habilidades afiliativas que permitan al estudiante relacionarse de manera positiva con todos los miembros de la sociedad en la que se encuentra.   Lo espiritual debe favorecer la formación de una persona emocionalmente balanceada (autorealización, motivación, autoestima, actitud asertiva, inteligencia emocional) que permite que el Espíritu Santo guíe su vida y controle sus emociones.  Una persona segura de su presente y de su futuro porque comprende y conoce el poder de Dios para dirigir los destinos de los seres humanos. Lo espiritual permea el desarrollo del gusto estético (música, dibujo, pintura, escultura, el diseño de interiores, la arquitectura, la poesía y el canto, etc) porque reconoce que todo lo que Dios ha hecho es bueno y bello; que la expresión literaria así como la expresión musical y la pictórica son dones y talentos que glorifican al dador y no al poseedor.

12. La educación adventista es un proyecto de fe que pone a Dios en primer lugar y confía que su providencia proveerá los medios necesarios en la medida como se cumplen sus instrucciones. Por lo que el financiamiento del programa requiere de presupuestos reales y costos reales que resulten de un estudio cuidadoso de las necesidades y de una estricta economía en la que participan todos los involucrados. Tanto el estudiante como los padres y la iglesia deberán asumir la responsabilidad de pagar los costos reales de la educación, conscientes de que es Dios quien provee los medios y que lo hace abundantemente, cuando decidimos hacer su voluntad.

Tienen los teóricos de la educación ASD el desafío de desarrollar un modelo que integre tanto los fines como los medios de la educación.  Esto debe hacerse en un marco de condiciones mínimas para el desempeño del maestro, del administrador, del padre de familia y del estudiante, a la luz de fines, propósitos y objetivos debidamente especificados, con sus respectivas teorías curriculares, estrategias y contenidos. Es evidente que, según el contexto cultural, la educación ASD mostrará la unidad en la diversidad. No obstante, urge describir el modelo curricular, su sustento teórico particular, las estrategias apropiadas, de tal modo que tenga identidad propia e independiente de lo que la educación no ASD proponga. Debemos determinar, de manera integral y sistematizada, lo que hacemos, por qué y para qué  lo hacemos, cómo lo hacemos y en qué condiciones. Ninguno de estos asuntos  debe ser justificado con un simple: “porque así lo hacen otros". Tampoco se desecha algo por el simple propósito  de ser diferentes. Cuando dispongamos de un documento que identifique y describa con precisión, claridad, objetividad e integralidad; por medio de expresiones concretas, el proceso educativo que proponemos, habremos hecho la tarea, entonces estaremos en mejores condiciones para abordar la lucha por nuestra libertad de educar a nuestros hijos y el Señor abrirá las puertas para que se nos permita un lugar respetable y distinguido entre los muchos modelos educativos reconocidos por el Estado.

La  tarea de elaborar un modelo que responda a las expectativas que la Biblia y el espíritu de profecía anteponen, requiere de ciertas condiciones. La primera tiene que ver con los conceptos modernos de la planeación en que se propone que la planeación sea participativa; sería un error abordar tan magna tarea desde la perspectiva de una o dos personas, se requiere de un equipo interdisciplinario realmente comprometido con el proyecto. En segundo lugar un modelo viable en la sociedad del presente requiere de sustento teórico y empírico, de modo que será necesario realizar investigaciones válidas que den forma y justifiquen el modelo ante la comunidad secular. Esto justifica la organización y establecimiento de un instituto para el desarrollo y promoción de un modelo educativo adventista para la postmodernidad.

La sociedad del próximo siglo se acerca apresuradamente a la cita con la profecía bíblica. Es evidente que los esfuerzos que se realizan por integrar valores en la educación y salvar a la humanidad de los graves problemas ético-morales que la agobian fortalecerá la injerencia del estado en el proyecto educativo aceptando al mismo tiempo la integración de conceptos religiosos en el programa escolar. Esto conduce a la extraña amalgamación del poder político con el religioso, lo cual no sucedería si tan solo el estado renunciara a su injerencia en el proyecto educativo y concediera a la familia, la escuela y la iglesia, la responsabilidad de velar por los asuntos relacionados con la educación formal e informal. Mientras el tiempo llega a su fin, es nuestra responsabilidad como educadores cristianos, asumir un papel más activo a favor de una educación auténticamente cristiana, de calidad y excelencia, que en lugar de remodelar paradigmas y metodologías, desarrolle un proyecto que brille cada día con más luz.
 

RESUMEN

El ser humano, creado por Dios con la responsabilidad de desarrollo ilimitado, tiene, en la relación con Dios, la fuente, el medio y el fin de su desarrollo. Este desarrollo armonioso de facultades físicas, mentales, espirituales tiene como fin servir y glorificar a Dios. El modelo educativo inicial  tenia al jardín del Edén como aula, a Dios como maestro y a los primeros padres como los alumnos.  Al entrar el pecado se adaptó un plan educativo en el que Cristo figura como eslabón entre Dios y los seres humanos. Dios “dispuso que los hombres y las mujeres, fuesen representantes suyos. La familia era la escuela, y los padres eran los maestros”  Entre otras cosas, estos hechos nos evidencian que la educación es proceso y producto de la relación con Dios.
Con el paso del tiempo, la familia perdió su capacidad de responder a la tarea de educar a la persona humana. La complejidad de la vida humana, el desarrollo de la organización social, y la resultante lucha por el poder social hizo de la educación una herramienta codiciable para controlar a las naciones privilegiando a algunos con el monopolio del saber y la formación.

En occidente, después de varios siglos de hegemonía católica durante los cuales la verdad Bíblica fue tergiversada y la figura de Dios fue deformada, surgió una doble reacción, la reforma del siglo XVI  y los movimientos liberales de los siglos XVIII y XIX. Estos últimos resistieron todo lo que tuviese que ver con Dios, y promovieron el desarrollo de  una educación laica, la cual en algunos países quedó bajo la dirección del Estado . Así pues la educación pasó de ser una experiencia de desarrollo individual  bajo la responsabilidad primaria de los padres y comprometida con los valores espirituales de la familia a una educación controlada por el Estado y alejada de Dios. Eso no significa necesariamente una educación sin religión, sino una educación guiada por filosofías, teorías, ideologías, y creencias, contrarias a la enseñanza bíblica .

La propuesta educativa según Elena de White, a diferencias de las propuestas de contemporáneos como Montessori  y Dewey  resalta la primacía de lo espiritual en el proceso educativo y propone una educación integral en el sentido más amplio de la palabra. El finalizar el siglo XX la sociedad reclama un retorno  a la formación del carácter , a la educación holística , a la educación ética  pretendiendo llenar el vacío axiológico que solo puede suplir una educación en la que, Dios sea origen, agente y fin  del desarrollo integral de la persona humana. La ponencia invita a  integrar un equipo de trabajo que elabore un documento que identifique y describa con precisión, claridad, objetividad e integralidad; por medio de expresiones concretas y operacionales, el proceso educativo de la Iglesia Adventista y concluye señalando doce conceptos característicos del modelo educativo adventista.
 



Referencias