La cosmovisión y el método de investigación

Por Tevni Grajales Guerra

Conferencia inaugural presentada en el III Simposio Internacional de Educación el 5 de Abril de 1999 en la Universidad de Montemorelos



Debido a que la correcta metodología de la investigación está determinada por el fundamento filosófico de la persona que investiga y por las características de lo que se investiga, al abordar el tema de la investigación educacional y su metodología es ineludible considerar las siguientes preguntas:  ¿Qué es la realidad?, ¿qué es verdad?, ¿qué es conocer?, ¿ qué es investigar?

En la investigación se estudian las diferentes áreas de la realidad echando mano de diversas estrategias. Es así como tenemos investigaciones filosóficas, las cuales otorgan primacía a la lógica y la razón. Investigaciones teológicas que se justifican en el concepto de la realidad de Dios y su disposición a la revelación. Las investigaciones históricas y las documentales suponen la existencia de testimonios, de restos, de documentos de diversos tipos los cuales proveen información útil. La investigación empírica supone la existencia objetiva de fenómenos naturales, sociales o psicológicos constituídos por conjuntos de variables que de no ser medibles al menos puedan ser observadas. Esto es lo que da lugar al conocido método científico, el cual, al finalizar este siglo, enfrenta un proceso de adecuación. La metodología de la investigación se cuestiona en el presente por causa de los cambios que la ciencia y la tecnología introducen en el pensamiento filosófico del ser humano.

Esta exposición no pretende dar respuesta a las preguntas expresadas en la declaración inicial. Apenas pretende cubrir de manera sucinta algunos comentarios que la literatura ofrece al respecto. Tengo el propósito de ejemplificar la forma cómo el cambio que sufre la concepción filosófica da lugar a debates, a veces acalorados, respecto a la metodología de la investigación. Tal vez de esa manera contribuyamos a entender los matices, dilemas y ambigüedades que sufre la metodología de la investigación. Considero que este es un tema apropiado para introducir la serie de exposiciones programadas para el III Simposio sobre la metodología de la investigación en educación.

El conocimiento

Según León y Montero (1993) el conocimiento es "el cúmulo de experiencias acumuladas a lo largo de la historia de la cultura"(p. 3). Pero los modos e instituciones encargadas de acumular, organizar y transmitir conocimiento son variados, entre ellos el sentido común, la magia, la religión y la ciencia. Dicen los autores mencionados que "el valor e importancia que les demos a cada uno dependerá de nuestro propio criterio y, probablemente, del tipo de problema que estemos abordando. De todos modos, tenga en cuenta que a lo largo de la historia algunas de estas fuentes han actuado como rivales frente a las demás" (p. 3).

Por su parte Gutiérrez ( 1993) nos recuerda que el conocimiento consta de cuatro elementos: el sujeto, el objeto, la operación cognitiva y los pensamientos. El sujeto es aquel que pretende poseer el conocimiento. Es el que conoce, capta algún aspecto de la realidad y obtiene así algún pensamiento referente a ese aspecto captado. El objeto del conocimiento es la cosa o persona conocida. El conocimiento implica una correlación entre objeto y sujeto. El sujeto sufre una modificación durante el acto del conocimiento mientras que el objeto puede o no sufrir modificación, dependiendo del contexto en el que se desarrolla el acto de conocer. Es en esta polaridad en la que se presenta el problema de la subjetividad y la objetividad del conocimiento. Y la pregunta que nace de este problema es: ¿hasta qué punto es necesario y es posible ser objetivo?.

El tercer elemento del conocimiento es la operación cognitiva y se trata de un proceso psicológico, necesario para que el sujeto se ponga en contacto con el objeto y pueda obtener algún pesamiento acerca de dicho objeto. Esta operación cognitiva dura un momento mientras que el pensamiento obtenido permanece en la memoria del sujeto y puede ser traído a la conciencia nuevamente con una segunda operación mental.

Cada vez que se conoce algún objeto queda una huella interna en el sujeto, en su memoria, y consiste en una serie de pensamientos, que nos recuerdan el objeto conocido. De modo que el cuarto elemento del conocimiento lo constituyen los pensamientos: expresiones mentales del objeto conocido. Es un contenido intramental a diferencia del objeto que es extramental. De manera que, provistos de pensamientos obtenidos por medio de la interacción entre sujetos y objetos, estamos en condiciones de ejercitar el acto de pensar. Pensar consiste en enfocar nuestra atención hacia los objetos intramentales (pensamientos) previamente obtenidos y combinarlos a fin de obtener otros nuevos (pp. 18-24). El conocimiento, para Gutiérrez, es el fenómeno en donde una persona o sujeto capta un objeto y produce internamente una serie de pensamientos o expresiones del objeto. Es la operación por la cual un sujeto obtiene expresiones mentales de un objeto (1993 p. 24).

Los ámbitos y definición de investigación

Esta definición operacional del conocimiento, propuesta por Gutiérrez, nos permite identificar al menos dos ámbitos y contenidos de la investigación. El primer ámbito es aquel en que el investigador se concentra en el estudio de los contenidos intramentales que ha logrado desarrollar. Un ejemplo en este caso es el filósofo o el matemático que ejerce operaciones mentales propias a su disciplina para resolver un problema. Trátese de dar explicación a un fenómeno o mejorar un método matemático tradicional, cada uno recurre al bagaje de pensamientos con que cuenta. El segundo ámbito es el de los investigadores empíricos que se concentran en objetos o fenómenos extramentales sean estos naturales, psicológicos o sociales.

El ser humano "por naturaleza parece estar lanzado hacia una expansión de sí mismo" (Gutiérrez, 1993, p. 164), por medio de ella su mundo interior crece y se enriquece a partir de personas y cosas que inicialmente le eran extrañas. Esta intencionalidad ontológica en la persona, un espíritu de admiración , curiosidad, búsqueda y apertura es la razón de ser de la investigación: el esfuerzo de la persona por crecer en su conocimiento. Este esfuerzo se puede realizar de manera consciente o inconsciente. La persona puede dirigirse hacia su interior en la búsqueda de respuestas provistas por elementos intramentales o puede dirigirse hacia su exterior concentrándose en objetos extramentales. Pero sea en una dirección u otra, ésta búsqueda varía en calidad y efectividad dependiendo de su metodología y la forma como se practique. Esto contribuye a explicar el por qué de tantos debates respecto a lo que es investigación y a la calidad de la misma, como también para explicar las diversas definiciones que se ofrecen al concepto investigar, las clases de investigación que se proponen y sus diversos matices metodológicos.

En lo que a definición se refiere, investigación es, para algunos, el acto de conocer. Tal cual lo describimos en los párrafos anteriores, sin tomar en cuenta el método, el contenido ni sus resultados. Según esta definición, investigar es sinónimo de conocer, a partir de la interacción del sujeto con un objeto externo o interno. Para otros, investigar implica una acción planeada, sistematizada y con cierta finalidad que orienta la intencionalidad del sujeto. Algunos sostienen que este ejercicio debe conducir a nuevos conocimientos para que sea dignamente reconocida como investigación. En cambio, hay quienes se conforman con que siga una metodología apropiada sea que vaya orientada a comprender, explicar o conocer algo, aún cuando ya sea conocido. Otros suponen que la investigación es digna de tal nombre cuando contribuye a la conformación o consolidación del conocimiento integrado.

El conocimiento humano se organiza en disciplinas subdivididas por McGuigan (1993) en tres grandes grupos: las científicas, las no científicas y las metafísicas, sin incluir las disciplinas formales de las matemáticas y la lógica. De manera que al clasificar las diferentes disciplinas que constituyen el conocimiento humano, surge la pregunta respecto al método que utiliza cada disciplina, porque es el criterio que se utiliza para distinguir entre lo que es ciencia y lo que no lo es.

El ámbito científico de la investigación y la ambición por el prestigio científico

Los practicantes de las disciplinas se han esforzado por asimilar el método científico al tiempo que reclaman un estatus de ciencia. A continuación unos pocos ejemplos. Se dice que el filósofo observa. Porque se abre a todo fenómeno real intra o extramental. Después se plantea interrogantes, a las cuales antepone soluciones provisionales y fundamenta sus respuestas, por medio de la adecuación de sus conceptos e implicaciones racionales con la realidad que intenta describir en forma universal. Publica sus teorías en forma lógica, haciendo notar la congruencia de unas tesis con las otras y la adecuación del sistema total con la realidad. Así elabora una cosmovisión que consiste en una serie de principios y conceptos básicos que ordinariamente funcionan de una manera implícita. El punto crucial de un sistema filosófico está en sus conceptos básicos a partir de los cuales se desarrolla todo el sistema.

Algo parecido hace el matemático quien también parte de la observación, se plantea problemas, se le ocurren soluciones provisionales y las comprueba a fin de asentar tesis o principios nuevos. El historiador también puede hacer ciencia en la medida en que no sólo registre hechos singulares, sino que establezca relaciones, explicaciones e implicaciones entre esos hechos fundamentándolos por medio de testimonios y documentos. El historiador científico busca las pruebas de lo que afirma y sostiene como un hecho real. La mayor parte de sus conclusiones no son leyes ni conceptos universales sino proposiciones singulares que obtienen su carácter científico en cuanto que se presentan como la conclusión de un raciocinio fundamentante. Y su contribución está en no sólo explicar el pasado sino cuando logra, a partir del mismo, comprender mejor el presente y las consecuencias que se anticipan en el futuro (McGuigan, 1993,  pp. 166-172), por lo que se puede decir que la sociedad tiende a identificar la investigación como una actividad propia de las ciencias. De manera que todas las disciplinas que aspiran a hacer investigación han hecho esfuerzos por aplicar o al menos emular el método científico. Y de esa manera, han procurado justificar su condición de ciencia. Esto introduce otro elemento de conflicto y confusión en la investigación dada la puja y repuja que por años enfrenta a unos investigadores con otros por causa de la sospecha mutua que tienen respecto a la cientificidad de sus disciplinas. En este respecto, la educación enfrenta serios desafíos si aspira a mantener un estatus de ciencia.

La educación como ciencia

Labaree (1998) argumenta que las características claves del conocimiento educacional limita e inhabilita el trabajo de los investigadores sociales, como productores de conocimiento educativo. Afirma que el problema consiste en que el conocimiento educacional es suave (vs duro) y aplicado (vs puro) y provee valores utilizables (vs valores intercambiales).

El conocimiento duro es aquel en que los resultados de la investigación son verificables, definitivos y acumulativos, como en el caso de las ciencias naturales, que lideran en este aspecto. En cambio el conocimiento suave tiene dificultades de obtener resultados que puedan ser reproducibles y cuya validez pueda ser exitosamente defendida. De modo que los investigadores en educación tenemos dificultades para establecer propuestas causales acumulativas y durables.

Las disciplinas de conocimiento puro se orienta generalmente alrededor de teorías. En cambio las disciplinas que producen conocimiento aplicado se concentran primariamente en asuntos prácticos que surgen en ciertos contextos específicos. Por lo que sus resultados no pretenden establecer patrones generales sino solucionar problemas particulares.

El valor intercambiable radica en el prestigio que representa para el estudiante que se gradúa el poseer el título de un programa o institución en particular. En este sentido, la reputación del programa o de la universidad le otorga una credencial que el estudiante puede utilizar para obtener un trabajo y un nivel de vida apropiado. El valor utilizable por su parte se refiere a que el programa curricular de la carrera provee al estudiante de destrezas y de conocimiento acumulado que le será útil al proseguir los diversos papeles que le toque desempeñar en el futuro. En lo que a la profesión docente se refiere, ésta está marcada por una variedad de estigmas que minan su habilidad para proveer credenciales de alto valor intercambiable. Esta carrera está asociada con la mujer, quien todavía es discriminada en el ambiente laboral, y asociada con profesionales procedentes de niveles sociales de base, con trabajo en instituciones públicas, como una semiprofesión. Contrástese con la profesión médica, que se ocupa de un conocimiento aplicado como la educación, que le provee al estudiante valor de uso muy alto y que al mismo tiempo ocupa un extraordinariamente alto estatus dentro de la universidad, al mismo tiempo que es una de las más prestigiosas y profesiones mejor pagadas en países desarrollados y en desarrollo.

El conocimiento en educación está organizado de tal manera que es estructuralmente egalitario y sustantivamente divergente. Los investigadores educacionales se muestran incapaces de hablar con autoridad respecto a su campo y se sienten presionados a imitar formas improductivas de la práctica intelectual. Pero tienen la ventaja de disponer de una audiencia mucho más amplia y variada y participar en un modo de producción académica abierta y no reglamentada.

Pero el prestigio del método científico ha perdido su brillo en los últimos años. Y esto se debe al profundo cambio que la misma ciencia, y su hija la tecnología, han generado en la cosmovisión del hombre del fin del milenio.

La obsolescencia y limitación del método científico

Russell Ackoff (1995) cree "que el cambio más importante que está teniendo lugar ocurre en la forma en que se trata de comprender el mundo, así como la concepción de la naturaleza" (p. 18). Y a renglón seguido explica su opinión respecto a la naturaleza del cambio. Según Ackoff estamos saliendo de una era denominada de la máquina para ingresar en la era de los sistemas. ¿Cómo surgió la era de la máquina y en qué consiste? Ackoff lo explica en los siguientes términos. En la edad media la fuerza intelectual no yacía en el conocimiento y en los logros científicos sino en la viveza de la imaginación espiritual. No se manejaba el mundo real de manera objetiva sino que las cosas estaban veladas por la bruma de la subjetividad. La edad media se pudo llamar la edad de la fe y, en ella, la curiosidad era un pecado cardinal. Pensar que es un deber descubrir la realidad de las cosas por uno mismo, era completamente extraño al pensamiento de ese tiempo. La Revelación era la fuente de verdad. Pero, en aquel tiempo, los viajes de las cruzadas despertaron interés por otras civilizaciones y otros países y produjo la resurrección del deseo de investigar dando lugar a invenciones y descubrimientos.

El modernismo nacimiento, brillo.

Entonces, René Descartes, quien vivió de 1596 a 1650, propuso que el conocimiento surgía de la duda y el cuestionamiento (escepticismo). Además afirmó que el conocimiento tenía su fundamento en la autoconciencia y en las ideas innatas de la persona. Su idea evolucionó dando lugar a la geometría analítica y al suspuesto de que el conocimiento podía ser reducido a métodos lógico-matemáticos soportados en la estructura operacional innata al ser humano (Yu, 1994). De esa manera surgió, en el contexto del renacimiento, el método experimental. Un procedimiento analítico que consiste básicamente en desarmar el objeto, tratar de comprender la conducta de las partes y luego tratar de estructurar los conocimientos parciales para comprender el todo.

Este interés alimentó la observación y la experimentación y produjo lo que ahora consideramos ciencia moderna. Según Ackoff (1993), en ese tiempo se creyó que era posible la compresión completa del mundo a partir del conocimiento de lo que se puede llamar elementos fundamentales según la doctrina del reduccionismo que afirma que la realidad y nuestra experiencia pueden ser reducidas a elemento últimos e indivisibles. Así toman importancia conceptos como el átomo, la partícula indivisible de la materia, y la célula, elemento reducible de la vida. Y la conducta humana llegó a explicarse a partir de elementos básicos como ego, el yo, el superego y la energía: la líbido.

Una vez determinadas las partes se procuraba una explicación de sus relaciones por medio del concepto causa- efecto, lo cual condujo al determinismo que afirma que todo lo que existe tiene una causa. Y la causa primera es Dios. La prueba cosmológica de la existencia de Dios se fundamenta en el apego a la relación causa-efecto y a la creencia en una total comprensión del universo. Quedó pendiente la explicación del libre albedrío pues no era necesario para explicar los fenómenos naturales. Además se descuidó la atención del medio ambiente en virtud de que una sola causa era suficiente para explicar completamente un efecto. Como es el caso de la ley de la caída libre de los cuerpos. Asi surgió el concepto del universo denominado mecanicismo, "el mundo era concebido como una máquina, y no sólo como algo parecido a una máquina" (Ackoff, 1993, p. 24). Como consecuencia, surgieron dos conceptos centrales que fundamentaron la revolución industrial: el trabajo y la máquina.

La descripción que hace Ackoff del surgimiento y desarrollo del modernismo, implica el surgimiento del método científico tal cual tradicionalmente ha sido aplicado. Los esfuerzos por establecer relaciones entre los componentes de los fenómenos estudiados a fin de determinar principios y leyes que los puedan explicar y que permitan predecir en términos de causa efecto se constituyen en el contexto apropiado para los estudios empíricos denominados como de corte cuantitativo. Adherise u oponerse a la metodología de la investigación cuantitativa supone adoptar o cuestionar un enfoque mecanicista de la realidad.

 El modernismo decadencia

Pero la edad moderna no llegó para quedarse. Una conocida serie de televisión puede servirnos para ilustrar el cambio que sufre la sociedad que pasa de la era de la máquina a la era de los sistemas. Se trata de Star Trek, una serie que más tarde se redefinió como Star Treck:Next Generation. En la primera serie de programas, el héroe conquistador y rudo es el Capitán James T. Kirk. El viaja de un planeta a otro, guiado por una directriz que le compromete a corregir lo que está mal y hacer del universo un lugar seguro para la democracia. Tiene como misión explorar nuevos mundos, descubrir nuevas civilizaciones y unirlas a la Federación. También hay en ella otro personaje llamado Spock que es mitad vulcano y mitad humano. Uno que siempre lucha por suprimir sus emociones por lo que se puede decir que representa a un humano que procura llegar a ser una máquina .

Este programa de televisión refleja el modernismo. Una sociedad diferente a la actual, la familia era más funcional, las decisiones eran simples, el futuro era brillante y los asuntos se podían determinar como buenos o malos, positivos o negativos (Ford, Hodder y Stoughton, 1996). Una era que nació con la muerte de la edad media y el surgimiento del renacimiento. Se nutrió en el movimiento intelectual europeo de la Ilustración que exalta al razonamiento y los valores humanos. El surgimiento de esta era fue de la mano con la transformación de la ciencia que fundamentó el concepto modernista del mundo, según los explica Ackoff (1993).

Según Vaclac Havel (1994) la ciencia, fundada en una fe incondicional en la realidad objetiva y su completa dependencia en leyes generales y razonablemente conocibles, condujo al nacimiento de la tecnología moderna, la cual por primera vez permitió a la raza humana expandirse a lo largo y ancho del globo, uniendo firmemente a las sociedades humanas y sometiéndoles a un destino global en común. Esta fue la ciencia que capacitó al ser humano para ver al planeta tierra desde el espacio, por primera vez, como si fuese otra estrella más en el cielo.

Según Ford y otros (1996), la relación de la ciencia moderna con la sociedad, que ha nutrido y modelado, parece haber agotado su potencial. Porque la ciencia parece haber fracasado en conectar la naturaleza más intrínseca de la realidad con la experiencia natural humana. En la actualidad esta relación ciencia-mundo es más una fuente de desintegración y dudas que una fuente de integración y significado. La ciencia clásica moderna se limitó a describir la superficie de las cosas y una dimensión única de la realidad. Hoy conocemos más del universo de lo que pudieron imaginar nuestros antepasados; pero cada día parece más evidente que ellos conocían más de las cosas esenciales las cuales se nos escapan hoy. Cuanto más sabemos de nuestros órganos y sus funciones, su estructura interna y las reacciones biológicas que tienen lugar dentro de ellos, mucho más evidente es nuestro fracaso en captar el espíritu, el propósito y el significado del sistema que estos órganos conforman y que nosotros percibimos como nuestro ser. Aunque disfrutamos de una existencia más fácil en muchas formas, no sabemos exactamente qué hacer con nosotros mismos y en qué dirección ir. El mundo de nuestra experiencia se presenta caótico, desconectado y confuso. Pareciera que no existieran fuerzas integradoras, ni significados que unifiquen, ni una verdadera comprensión de los fenómenos que constituyen nuestra experiencia en el mundo. Los expertos pueden explicar cualquier cosa en el mundo objetivo mientras que, cada día, entendemos menos de nuestras propias vidas. En pocas palabras, vivimos en el mundo posmoderno, en el que todo es posible y casi nada es certero.

La decadencia del modernismo se percibe desde a mediados del siglo pasado en la obra de James Peirce quien no sólo cuestionó el escepticismo y el reduccionismo de Descartes sino que afirmó que, aunque el conocimiento es falible en su naturaleza y la limitada extensión de la vida no nos permite descubrir la verdad última, de todas maneras podemos fijar nuestras creencias en ciertos puntos. Según Yu (1994), esta forma de pensar hizo de Peirce el precursor del pragmatismo, del cuál él mismo se aisló proponiendo lo que llamó el pragmaticismo. El entendía el conocimiento como una interacción entre las dudas y las creencias. Para él existía una diferencia entre la verdad y la realidad. La verdad es la comprensión de la realidad por medio de un proceso de búsqueda autocorrectiva realizada por toda la comunidad intelectual a lo largo del tiempo. Por otro lado la realidad es la existencia independiente de la búsqueda humana, es decir existe una sola realidad. En términos metodológicos existe más de una forma de abordar el conocimiento y una sola fuente de conocimiento. La realidad es lo "que es" y la verdad es lo "que sería" es decir, lo que el sujeto considera que es (Yu,1994).

Posteriores pensadores como William James(1898/1975m p.42; 1909/1927, vii) tergiversaron las ideas de Peirce y afirmaron que la verdad es el nombre de cualquiera cosa que pruebe ser buena en dirección a nuestra creencia. Lo que significa que no interesa la verdad sino lo que creemos que es la verdad. Esto condujo a pensadores como James y Dewey a adoptar una visión humanística de la verdad y a concluir que el conocimiento es un constructo humano y social de manera que es posible conocer sin contar con criterios trascendentales. En cambio Peirce introdujo una dimensión metafísica en al pragmaticismo, lo que implicaba que reconocía la existencia de una norma trascendental y universal. Para Peirce, la búsqueda del conocimiento es una forma de asociación libre o pensamiento creativo que emula la mente divina. Además sostuvo que el conocimiento es acumulativo y auto correctivo. Como puede notarse, el pensamiento de Peirce desde el siglo pasado contribuyó notablemente a cuestionar el método analítico inductivo y en cierta forma, preparó el camino para el debilitamiento del modernismo.

El modernismo declinó a los inicios del siglo que termina como resultado de los siguientes factores:

El debate metodológico en la investigación

Este cambio de cosmovisión que venimos describiendo explica el infructífero e innecesario debate que por varios años ha consumido el tiempo de los investigadores. Me refiero al debate entre modelos cuantitativos versus modelos cualitativos. Digo que es innecesario porque según  W. L. Trochim (1999), la esencia del debate cuantitativo vs cualitativo es filosófica y no metodológica. Muchos investigadores cualitativos operan a la sombra de supuestos epistemológicos diferentes a los que utilizan los cuantitativistas. El cualitativista cree que la mejor forma de entender cualquier fenómeno consiste en verlo en su contexto. Considera que la cuantificación es limitada en su naturaleza, porque apenas observa una porción de la realidad afectando así la comprensión total del asunto. Por lo tanto el cualitativista se sumerge en el fenómeno, en la cultura o la organización que estudia y vive la experiencia de ser parte de ella misma. Es flexible al interrogar a la gente del contexto. También opera según un supuesto ontológico acerca del mundo: no acepta que exista una realidad simple y unitaria independiente de nuestras percepciones. Siendo que cada uno de nosotros vive según su punto de vista personal, cada uno experimenta una realidad diferente. De manera que, al conducir una investigación que no toma en cuenta estas diferentes realidades , se viola la visión fundamental que, el cualitativista, tiene del individuo. Como consecuencia se opone a los métodos que pretenden conclusiones o integraciones entre individuos, dado que cada individuo es único. De la misma manera argumenta que cada investigador es único como individuo y que todas las investigaciones están esencialmente sesgadas por la percepción individual de cada investigador. Por lo que no hay ningún sentido en intentar establecer validez en sentido externo y objetivo. En fin, el investigador cualitativo está filosóficamente comprometido con un enfoque posmodernista y sistémico. Y entre más comprometido en su filosofía, tanto más polarizado en su enfrentamiento con lo cuantitativo.

Decimos que el debate no es metodológico porque tanto el cualitativismo como el cuantitativismo se fundamentan en una rica y variada tradición que procede de múltiples disciplinas y ambos han sido aplicados a casi todos los tópicos que se pueda pensar. En lo que a los datos que se recogen se refiere, la diferencia es muy pequeña. Se dice que los datos cualitativos consisten en palabras mientras que los cuantitativos consisten en números. Pero ¿es ésta una diferencia fundamental? Trochim (1999) cree que no; porque todos los datos cualitativos pueden ser codificados cuantitativamente y todos los datos cuantitativos se fundamentan en juicios cualitativos.

Chong Ho Yu (1994) afirma que se equivocan los que creen que la metodología cuantitativa produce respuestas claras y definitivas y que la metodología cualitativa es más difícil porque la información que recoge es confusa y las respuestas no son claras y precisas. Porque las decisiones que se basan en el rechazo o no rechazo de una hipótesis nula no deben ser abordadas como respuestas fáciles y simples dado el sentido probabilístico de la prueba y los supuestos que la justifican. De hecho, las metodologías cuantitativas y cualitativas comparten más cosas en común que diferencias, ambas admiten que existen más de una forma de abordar la realidad, admiten una especie de continuidad entre el conocimiento cualitativo y el cuantitativo, admiten una tensión entre la complejidad del mundo y los modelos reductores. Ambos enfoques intentan partir los datos para posteriormente reconstruirlos en un patrón, reconocen que todas las investigaciones contienen una naturaleza falible y en el proceso de buscar un patrón de comportamiento ambos utilizan representaciones simbólicas.

Al fin de cuentas, se trata de utilizar todos los recursos disponibles metodológicamente: la abducción, la deducción y la inducción, a fin de lograr una comprensión integral: la abducción y la deducción para obtener una comprensión conceptual del fenómeno y la inducción para la verificación cuantitativa. En la etapa de la abducción, el objetivo es explorar los datos, encontrar patrones de comportamiento y sugerir hipótesis plausibles por el uso de las categorías apropiadas. La deducción se utiliza para construir hipótesis lógicas y verificables fundadas en premisas plausibles. Y la inducción es la forma de aproximarnos a la verdad con el propósito de fijar nuestras creencias con las cuales proseguir futuras búsquedas. En pocas palabras: la abducción crea, la deducción explica y la inducción verifica.

El debate metodológico surge en el contexto del cambio filosófico acelerado que caracterizó el siglo que está por terminar. Es el mismo cambio que evidencia los nuevos contenidos de la programación en la televisión. Se trata de una nueva serie, Star Treck: The Next Generation. Esta serie ya no trata de los individuos sino de la comunidad que conforman. En esta ocasión la directriz que deben seguir señala que en lugar de imponer lo bueno y rechazar lo que está mal, la nave Enterprise debe evitar alterar o desordenar las culturas con las que llegue a estar en contacto. El objetivo es aprender de las culturas extrañas en lugar de tratar de asimilarlas. Se demuestra en un gran respeto hacia las realidades no humanas y hacia la forma de pensar de los extraños. En esta nueva serie, hay una máquina llamada Data, la cual desea llegar a ser un ser humano.

La metodología de la investigación en una sociedad posmoderna

El posmodernismo se caracteriza por la ambigüedad, la subjetividad, la inestabilidad, la globalización, la paradoja, los modelos caóticos, el interés por lo esotérico. Gestor de una generación denominada X que vive más para el presente, sin muchas expectativas para el futuro, preocupada por el deterioro de los ecosistemas y atrapada en las redes de la tecnología de punta.

Como la pieza central del modernismo fue la Ilustración, la pieza central del posmodernismo es la Deconstrucción. Un término propuesto por Jacques Derrida (1980, 1998) alrededor de los años setenta en una teoría respecto a la literatura y el lenguaje. El sostiene que las palabras no tiene contenido objetivo. Que el mundo en su totalidad es un texto. Que la única realidad objetiva es la que nuestro lenguaje crea en nuestra mente. Según Jonathan Culler (1983) el próposito consiste en demostrar de qué manera el contenido del texto o discurso mina la filosofía que pretende afirmar. De manera que interpretar un texto significa imponerle un significado "esto es lo que significa". Por consiguiente, no existe la verdad objetiva. Las palabras no tienen significado o verdad. No existe un punto de vista objetivo. La popularidad del logocentrismo occidental es auto destructivo. No hay lugar para hacer juicios morales ni mucho menos para que alguien se considere como moralmente superior. Una nueva forma de concebir la realidad y la verdad que enmarcó el recién concluído juicio político del presidente de los Estados Unidos de América. Porque aunque muchos no han reflexionado respecto a estas ideas, están presentes en la sociedad. Es el mensaje de fondo del programa de televisión Star Treck: New Generation.

¿Cómo se muestran estos cambios en la metodología de la investigación al fin del siglo? Robert Donmoyer editor de la revista Educational Researcher, al presentar el último número de la revista del año 1997, llama la atención al hecho de que ella contiene dos informes de investigación histórica. Señala que esos informes representan dos diferentes formas para que los historiadores hagan su trabajo y dos imágenes diferentes de la presentación de los resultados. Uno de los historiadores, Lagemenn (1997), utiliza la cronología y una temática única basada en la teoría como guía organizadora del trabajo. Por otro lado, Popkewitz (1997) parece desear escribir un tipo de historia que ciertos académicos caracterizarían como un texto desordenado. Entendiendo que el presente está compuesto de registros múltiples y sobrepuestos, el historiador prefiere utilizar lo que llama una estrategia retórica de parrilla para desenfatizar la linearidad aún cuando tiene que usar el lenguaje -un modo esencialmente lineal de comunicación- para escribir una descripción de ideas que ha desarrolllado y de eventos que ha desarchivado a través del tiempo (lo cual en consecuencia, es al menos lineal en cierto sentido).

Donmoyer (1997) concluye su comentario diciendo que los artículos de Lagemann y de Popkewitz demuestran que la investigación histórica no es inmune a las diferencias paradigmáticas y disputas comunes a otros campos y áreas de estudio. También afirma que con la investigación histórica, así como con trabajos en otros campos, haríamos bien en no tomar posición muy pronto en disputas paradigmáticas, aun si tenemos fuertes preferencias iniciales por cierto tipo de búsqueda histórica y cierta forma de escribirla. Dice que lo que se necesita son discusiones sesudas, pero no defensivas, acerca de lo que se gana y de lo que se pierde, cuando hacemos y escribimos la historia de una manera y de otra.

La cosmovisión posmoderna y las técnicas estadísticas

Ahora hablemos un poco respecto a los cambios que ha generado la cosmovisión posmodernista en la teoría y las técnicas estadísticas. Es conocido que la estadística como un estudio de probabilidades inicialmente se desarrolló de tal manera que respondiera a las necesidades del positivismo. Pero en los últimos cuarenta años y respondiendo a un creciente interés por el enfoque cualitativo (interpretativo) en la metodología de la investigación, ha desarrollado técnicas que facilitan el manejo de gran número de variables y de datos (incluso cualitativos) al mismo tiempo.

Tradicionalmente la estadística se enfocó en el análisis confirmatorio de datos. Este tipo de análisis se apoya en ciertos supuestos respecto a una estructura determinada en los datos. Y, a partir de estos supuestos, se procede a realizar inferencias suponiendo normalidad, homogeneidad e independencia. Este es el fundamento de las pruebas de hipótesis. Pero, según Yu y Behrens (1995), a menudo estos supuestos no son satisfechos por los datos con que se trabaja. Si bien esto es cierto, también sabemos que existe una larga tradición en estadística llamada Análisis Exploratorio de Datos, cuyo pionero es John Tukey (Tukey, 1977; 1986). Esta forma de trabajo estadístico busca estructuras no esperadas y el desarrollo de ricas descripciones; por medio de resúmenes gráficos, estadística robusta e indicadores de ajuste al modelo.

Una de estas técnicas exploratorias es la visualización, un enfoque al análisis de datos que procura una observación penetrante a la estructura de los datos. Es definida como el proceso de explorar o presentar los datos de manera que construya una analogía visual al mundo físico a fin de servir a la comprensión y al aprendizaje por parte del usuario. Aunque ninguna analogía es completa, las ciencias físicas a menudo construyen herramientas de visualización basadas en la analogía de la apariencia en el mundo físico sin embargo es importante resaltar que ninguna analogía es completa. Y cuando se trata de trabajar con datos en otras ciencias, como las sociales, la dificultad de presentar una analogía física es mucho mayor. Aunque en estas ciencias no se puede apoyar en una analogía física del color o del movimiento para indicar color o movimiento, estos atributos pueden ser utilizados para indicar algunos aspectos de una diferencia conceptual. De modo que esta técnica metodológica depende de la conceptualización que el investigador tenga del problema en cuestión. Es decir que la visualización correcta depende de qué pregunta se está haciendo el investigador que la construye. Pero una vez lograda una imagen con toda la información que pretende contener, la persona que la observe también construirá una interpretacion personal de la imagen. Esta interpretación propuesta por el obsevador le permitirá escribir y conversar respecto a la imagen. Lo que significa que el uso de la imagen es una construcción o conceptualización tanto de la persona que la observa como de la persona que la creó.

Como vemos, tenemos delante de nosotros la estadística como un recurso disponible a la nueva cosmovisión que comparte la sociedad posmodernista. La línea de regresión lineal o el plano en la regresion lineal múltiple son interpretables en base a la analogía de una media que corre en un espacio de prueba multidimensional (Behrens y Yu, 1994). Lo mismo ocurrre con otras técnicas estadísticas multivariables como son el Análisis de Correspondencia Multiple (MCA) utilizado, por ejemplo, como una herramienta para cuantificar o clasificar datos relacionados con profesiones (Van der Heijden,Teunissen y Van Orlé, 1997). Por su parte Peter Hill y Hervey Goldstein (1998) propusieron un método para resolver las dificultades que se presentan cuando se hacen estudios en que los sujetos observados se mueven de un lugar a otro (nivel académico, escuela, entre otros) y no se cuenta con la información del lugar de procedencia de algunos de ellos. Lo que estamos diciendo es que no se evidencia en la práctica de la metodología empírica un dualismo entre números y palabras. La sociedad científica de nuestro tiempo se mueve en dirección a una integración de la búsqueda objetiva con la búsqueda subjetiva, por medio del desarrollo de metodologías y técnicas que operan apoyadas en las no previstas potencialidades del computador.

Otro ejemplo es el mapeo de conceptos. Se trata de un proceso estructurado que se enfoca en un tópico o constructo de interés, en el cual se involucra la contribución de uno o varios participantes, a fin de producir un cuadro interpretable de sus ideas y conceptos y de la manera cómo éstas se interrelacionan. Se dice que este proceso ayuda a las personas a pensar de manera más efectiva como grupo, sin perder su individualidad. Ayuda a los grupos a manejar la complejidad de su ideas sin trivializarlas o sin perder sus detalles. Una vez reunidas las ideas en estudio, el grupo participante las agrupa, según su grado de similaridad, y las clasifica poniéndole un nombre a cada conjunto de ideas. Después se le da, a cada conjunto de ideas, un valor según su importancia relativa y a partir del valor que tiene cada idea (según el grupo al cual se asignó) se procede a representarlas en un mapa. Cada idea es representada por un punto en el mapa de manera que las declaraciones que fueron agrupadas por las persona participantes como formando parte de un mismo grupo, aparecerán, en el mapa, como más cercanas entre sí. Luego se procede a un segundo paso; a partir de los resultados del mapeo se divide el mapa en grupos de declaraciones o ideas por medio de la técnica estadística de agrupamiento. Si, por ejemplo, las declaraciones tratan de las actividades de un programa, este agrupamiento final muestra cómo éstas actividades pueden ser agrupadas de manera lógica (Trochim, 1999).

Asi se hace evidente que la estadística, provista de las grandes ventajas que ofrece la tecnología moderna, también ha superado el debate metodológico y está al servicio de las diferentes corrientes.

El nuevo debate metodológico

En las últimas décadas los enfoques positivistas-conductistas (cuantitativos) en la investigación social han ido en decadencia, al tiempo que los enfoques cualitativos (interpretativos) se han incrementado. Hemos dicho que esta preferencia por los enfoques interpretativos concuerda con el cambio en la forma de entender la realidad y el conocimiento de la misma. De manera que se puede decir que ha llegado la hora de los enfoques interpretativos (cualitativos). Pero el viejo debate entre el positivismo y el interpretativismo, que ha disminuído en intensidad, está dando lugar a un nuevo debate; esta vez dentro de la corriente interpretativa o cualitativa. Se trata de lo que para Howe (1998) es un nuevo debate dentro de la investigación educacional entre los posmodernistas y los transformacionistas. Los posmodernistas en este caso son los que rechazan el modernismo por ser un proyecto fatalmente resquebrajado y los transformacionistas son personas que prefieren modificar el proyecto modernista y tratar de llevarlo adelante. El transformacionista en lugar de abandonar o desechar las ideas modernistas, busca una nueva comprensión del conocimiento, la racionalidad, la verdad y la objetividad. En cambio, el posmodernista prefiere romper del todo con el modernismo que está en bancarrota. Según Howe (1998), las diferencias entre estas perspectivas generales tienen lugar a nivel de la epistemología, la ontología y la política. Estas diferencias con frecuencia parecen exageradas porque cuando los argumentos filosóficos son medidos de cara a los requerimientos de la práctica se evidencia que ambos buscan la deconstrucción y la transformación. (p.13)

Conclusión.

A manera de resumen general y conclusión me arriesgo a sugerir que:

Siendo que el tema de la metodología se resuelve según la cosmovisión del investigador deseo concluir compartiendo una especie de cosmovisión personal del investigador cristiano. Bibliografía citada:

Altius
tgrajales.net